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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1429

Por donde pasaba Pascual, los invitados retrocedían de inmediato, como si el hombre estuviera cubierto de alguna plaga contagiosa.

Ese mismo 'presidente' al que hace unos momentos todos aplaudían por su gran visión, ahora era tratado como una sucia rata de alcantarilla.

El silencio en el salón era casi asfixiante.

¿Quién lo hubiera imaginado?

La gran fiesta de reconocimiento de la heredera Ibarra terminó exponiendo una de las ramificaciones clandestinas de Ocaso Negro.

Y la persona arrestada en vivo y en directo era nada menos que Pascual Osorio, un hombre de intachable reputación en el círculo de beneficencia de Clarosol.

Muchos de los presentes sintieron cómo el sudor frío empapaba sus ropas.

En especial aquellos que lo habían defendido diciendo que tenía 'visión', que era 'responsable' y que quería lo mejor para el país. Ahora, tenían el rostro paralizado de terror y ni siquiera se atrevían a levantar la mirada.

Hacía apenas unos instantes, estuvieron a un paso de seguirle el juego y exigirle a Kiara que revelara los datos de rescate.

De haberlo logrado...

¿No se habrían convertido todos en cómplices ciegos de Ocaso Negro?

Cuando los agentes del GEI empujaron a Pascual hasta las enormes puertas del salón, él giró la cabeza bruscamente, fijando una mirada ponzoñosa en Kiara a través de todo el resplandor de las luces.

Era una mirada sombría, cargada de rencor y de un toque de locura desquiciada.

—Kiara Ibarra —soltó una carcajada ronca que helaba la sangre—, ¿crees que atraparme va a detenerlos?

—Eres una ingenua. Una vez que las puertas de Puerto Blanco se han abierto, la Ruta Cero nunca se detiene.

—A esa gente que salvaste, Ocaso Negro puede desecharlos sin pestañear. Pero el verdadero tesoro... tú jamás sabrás dónde está escondido.

Uno de los agentes del GEI le clavó una rodilla en la espalda, obligándolo a callar.

—¡Silencio!

Pero a Pascual ya no le importaba nada. Su risa se volvió más siniestra.

—Kiara Ibarra, ¿no te crees tan brillante?

—¿Entonces por qué no adivinas la verdadera razón por la que El Soberano quiere esos datos?

—¿De verdad crees que la investigación que tu abuela dejó atrás era para... salvar vidas?

En el segundo exacto que esas palabras resonaron en la sala, la mirada de Kiara cambió drásticamente.

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