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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1440

Antes de que se reprodujera aquel video, todo lo que sabían sobre Kiara rescatando expertos en Hesperia y logrando milagros médicos había sido a través de anécdotas ajenas. Habían visto a los grandes titanes de la medicina inclinarse ante ella, sí.

Pero nada de eso se comparaba con el impacto brutal de presenciarlo con sus propios ojos.

Cualquier persona que llevara sangre solarense en las venas sentiría cómo se le erizaba la piel ante semejante proeza.

En ese instante, la verdad quedó grabada a fuego en la mente de todos los presentes: si Kiara Ibarra estaba parada allí, si poseía el respeto absoluto del mundo entero, no era producto del azar. No era una campaña de relaciones públicas. Ni muchísimo menos era por el peso de su apellido.

Ella no necesitaba la luz de la familia Ibarra, porque ella misma era el sol.

Vanesa Ibarra miraba a su hija en la pantalla mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas sin control.

Su niña... mientras ella ignoraba por completo su existencia, había tenido que caminar sola a través de tantas tormentas, sobreviviendo a huracanes insoportables.

Camilo también tenía los ojos cristalizados, apretando los puños a los costados de su cuerpo.

El pecho de Don Regino subía y bajaba rítmicamente, consumido a partes iguales por un inmenso orgullo y un dolor desgarrador. Su nieta, la heredera de los Ibarra, era todo lo que una familia podía soñar. Pero un talento como el suyo debió ser pulido con el mayor mimo y cuidado del mundo... no arrojado a las llamas para forjarse en la soledad absoluta.

En ese momento, la pantalla hizo una suave transición.

El infierno y el caos quedaron atrás. De pronto, se veía a la joven cruzando las puertas de la mansión, recibida por los cálidos abrazos y las sonrisas de la familia Ibarra.

El video se detuvo, congelándose en el retrato de la familia Ibarra.

Kiara estaba en el centro. Su expresión habitual de hielo se había derretido, dando paso a una dulzura sin igual.

Don Regino estaba sentado en su silla de ruedas, justo a su lado. Vanesa y Camilo se encontraban detrás de ella, custodiándola como guardianes. Y a los flancos, la flanqueaban sus tres hermanos mayores.

En esa imagen, la chica ya no era un lobo solitario.

Al contemplar la foto, todos los invitados sintieron una repentina oleada de calidez en el pecho.

Pero justo entonces...

En uno de los bordes del retrato familiar, una figura alta e impecable empezó a revelarse.

No apareció de la nada ni arruinó la composición. Surgió poco a poco desde las sombras, caminando paso a paso, hasta integrarse a la perfección dentro de ese retrato familiar.

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