Kiara alzó levemente una ceja al ver cómo Escorpión enterraba la cabeza como un avestruz.
La noche anterior, durante la videollamada, había visto a Escorpión devorando los dulces que su hermano había preparado.
Era obvio que ya se había reunido con Álvaro.
Escorpión solía ser una tumba cuando estaba en alguna misión.
Pero ponle un platillo delicioso enfrente y su cerebro sufría un cortocircuito.
Aun así, Kiara sabía que, a pesar de su gula, no era descuidada.
No había forma de que delatara su plan de infiltrarse en la Ruta Cero a solas.
Antes de sentarse a la mesa, había observado detenidamente a Álvaro.
Él no mostraba nada fuera de lo común.
Si Escorpión hubiera revelado el plan central, Álvaro no estaría tan relajado.
Pero ahora...
El contacto del área médica.
El disfraz que pensaba usar para subir al barco.
Kiara tamborileó sus dedos contra la cuchara de porcelana.
Por lo visto, a Escorpión se le había escapado el detalle del alias de La Sanadora.
Kiara bajó la mirada y tomó otro sorbo de sopa.
A través de sus gafas, Álvaro echó un vistazo a su hermana, sin notar nada raro en ella.
Entonces, ¿por qué Escorpión ponía esa cara de culpable a punto de estallar de vergüenza?
Por instinto, intentó justificarse.
—Violeta, no te lo digo con mala intención. Solo pensé que, antes de subir, nos vendría bien conocernos. Así podríamos cuidarnos las espaldas.
Escorpión agachó más la cabeza, casi sumergiendo la nariz en su plato.
¡Ahhh!
¡Si Álvaro quería verla muerta, que lo dijera de una vez!
Aquel comentario lo cambió todo.
Las miradas de los presentes se concentraron sigilosamente en ellas.
El rostro de Esteban se endureció.
¿Un contacto del área médica?
¿De qué contacto estaba hablando?
Entonces, miró de reojo a Kiara.
A Damián le bailó una chispa en la mirada.
¿Acaso su hermanita también había mandado a alguien a infiltrarse?
Y también fijó sus ojos en Kiara.
Escorpión sentía que iba a morir.
Ya daba igual, prefería que la tierra se la tragara.
De repente, el desayuno había perdido todo su sabor.

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