Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 229

—Yo la cargo.

Kiara lo vio colgarse la bolsa al hombro con una naturalidad tan familiar que parecía… como si hubiera nacido para cargarle las cosas.

Qué bien se la sabía.

Kiara se quedó sin palabras.

Ya en el carro de Joaquín, avanzaron rumbo a la casa principal de los Carrasco.

Kiara preguntó:

—Oye, ¿Don Fernando tiene algún gusto en especial… o algo que le moleste? ¿Algún tema que sea mejor evitar?

Ella podía ser relajada, sí, pero ahora iba representando a los Ibarra. Como hija de la familia, era su primera visita formal a un mayor. Lo mínimo era cuidar el protocolo lo mejor posible.

Joaquín llevaba una mano en el volante; sus dedos, largos y bien marcados, llamaban la atención. Alzó apenas la mirada de reojo y sonrió con esa calma cariñosa y un poco floja.

—El único gusto de mi abuelo… supongo que es verme casado de una vez.

—¿Y lo que le cae mal…?

—Con que te vea a ti, aunque metas la pata, él solito lo va a pasar por alto.

Kiara se quedó sin palabras.

Desde que ese hombre empezó a lucirse frente a ella, las frases coquetas le salían como si nada. Cada vez más descarado.

—Kiki —volvió a decir Joaquín, riéndose bajito; la voz se le oyó grave, atractiva, con un toque de mimo—. Relájate. Tómalo como ir a ver a un mayor cualquiera.

—…No estoy nerviosa —dijo Kiara.

Joaquín sonrió todavía más, como si la consintiera.

—Sí, ya sé.

¿Que ya sabe qué? ¿Qué va a saber? Si de verdad supiera, no estaría sonriendo tan campante.

Ella no estaba nerviosa.

Kiara respiró hondo.

Ya, equis.

Cada detalle gritaba lo mucho que los Carrasco valoraban al “invitado importante” que estaba por llegar.

Yolanda chasqueó la lengua.

—¿Y ese invitado quién es, o qué? ¿De verdad se necesita tanto show?

Con el nivel que ya tenían los Carrasco, ni aunque llegara alguien de la cúpula de Solarenia se pondrían así.

Todo el mundo iba y venía por ese “invitado importante”…

y a ellas dos las habían dejado botadas en la sala lateral, como si no existieran.

Esa diferencia tan marcada les supo horrible.

Yolanda nunca había aguantado un desaire así. Con la irritación atorada, se fue de golpe hacia la puerta para ver qué estaba pasando.

En ese momento, una empleada joven venía pasando con una charola y un juego de té fino; chocó de frente con Yolanda.

El juego se fue al suelo y se hizo pedazos.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste