Nadie respondió a sus palabras.
Todos estaban reunidos alrededor de Kiara, preguntándole emocionados por todos los sacrificios que había tenido que hacer cuando fundó el Grupo Queen. ¿Cuánto había sufrido? ¿Cómo había logrado convertirlo en una marca de lujo a nivel mundial siendo tan joven?
Pamela se sintió como un fantasma, completamente ignorada y desplazada a un rincón, lo cual la hacía sentir miserable.
Se mordió el labio inferior, negándose a ser dejada de lado. Elevó la voz y habló de nuevo:
—Hermana, mamá me acaba de decir que mañana iremos a Aquilinia. ¿Ya empacaste tus cosas? Si no, te puedo ayudar a prepararte.
Le sonrió con ternura:
—Esta debe ser tu primera vez viajando al extranjero, ¿no? En Aquilinia tienen sus propias costumbres y reglas de etiqueta. Si no estás segura de algo, me puedes preguntar a mí, para que no vayas a pasar vergüenza frente a los abuelos.
En sus palabras parecía haber una genuina preocupación de hermana mayor.
Pero en el fondo, su intención era evidente para todos: estaba recordando que Kiara no era más que una pueblerina sin roce internacional, sugiriendo que llevarla a un país extranjero solo sería una humillación.
Hacer el ridículo en casa era una cosa.
Pero avergonzar a la familia en otro país... eso sí que era el colmo.
Sin embargo, sus indirectas no lograron captar la atención de nadie.
El único que volteó a mirarla de reojo con una fría indiferencia fue Joaquín, antes de regresar rápidamente su atención a Kiara.
Toda la familia Ibarra estaba completamente enfocada en Kiara.
—¡Y tú, mocoso, ¿qué haces aquí otra vez?! ¡Míra la hora que es! ¿Por qué no te vas a tu casa en lugar de estar aquí molestando? —El abuelo Regino empujó su silla de ruedas hasta ponerse justo en medio de ambos, separando a Joaquín de su nieta.
Camilo miró hacia la puerta, con el ceño fruncido:
—¿No había mandado a Álvaro a recogerlas a ti y a Violeta? ¿Por qué te trajo Quino? ¿Dónde están tu hermano mayor y Violeta?
Kiara sonrió:
—Violeta quería ir por algo de comer, así que Álvaro la llevó a cenar.

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