La frialdad en los ojos de Joaquín bajó un poco, pero su cara siguió dura.
Volteó hacia Gloria.
—Entonces… ¿dónde está el problema?
Kiara, por lo general, sí era reservada, como si tratara a todo mundo igual.
Pero jamás había sido así de fría con él.
—Joven patrón, yo digo que… la señorita Ibarra es de las que se tardan en agarrar confianza. Y mire: usted le compra ropa, se pone a cocinar, hasta quiere abrirle el cuarto para que quede conectado… como si fueran a vivir aquí juntos, siempre. Eso la asustó —Gloria analizó con calma, desde la perspectiva de una mujer—. A veces las mujeres son bien sensibles con esas cosas. Sus acciones pueden hacerla sentir presionada. Tiene que medirle.
Jorge, acordándose de lo que vio ayer en la sala de control, asintió con fuerza.
—¡Sí! ¡Exacto! Joven patrón, piénselo bien: ¿qué hizo anoche en la sala de control con la señorita Ibarra? ¿De verdad no se pelearon?
Joaquín se quedó sin palabras.
Gloria le lanzó una mirada fulminante a Jorge y lo empujó para que se callara.
—Joven patrón, tiene que aprovechar. A las mujeres hay que apapacharlas; si se le va, con el carácter de la señorita Ibarra… ni yendo tras ella la recupera —suspiró Gloria.
En los negocios, el hombre al que todos llamaban “señor Carrasco”, que siempre lo tenía todo bajo control, se quedó con una expresión de auténtica duda, como pidiendo guía.
—¿Y cómo la apapacho?
Gloria se puso seria, como si estuviera dando una lección.
—Mire, joven patrón: si la señorita Ibarra se pone fría, usted bájele dos rayitas. No la presione… y luego ya ve cómo se va dando.
***
Clarosol, en un privado de un restaurante fino.
Él se empujó los lentes y negó rápido.
—N-no… sí me gusta. Gracias, Pamela.
—Óscar, ¿cómo que gracias? —Pamela se rió bajito—. Cuando mi artículo pase la revisión del profesor Morales, voy a ser alumna formal. Igual y hasta termino trabajando en el instituto contigo.
A Óscar se le subió el color a la cara. Otra vez se acomodó los lentes.
—Con el talento que tienes, el profesor Morales seguro te lo aprueba. Y si necesitas ayuda con el artículo, me dices.
Pamela lo miró con los ojos brillantes y sonrió, encantada.
—¡Entonces te lo agradezco, Óscar!
***

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