Si Pamela seguía con esa actitud y volvía a hacer sentir incómoda a Kiara…
entonces ya era hora de que Pamela se fuera de esa casa.
A Kiara se le calentó el pecho.
Curvó los labios.
—Está bien. Gracias, abuelo.
***
Pamela regresó corriendo a su cuarto, llorando, y a propósito dejó la puerta medio abierta.
Pero pasó el tiempo…
y nadie fue a seguirla para consolarla.
¡Seguro fue esa rancherita la que hizo algo para que la familia no subiera a apapacharla!
Y ahora que Lucía ya no estaba, menos había alguien dispuesto a darle por su lado.
Mientras más lo pensaba, más se le apretaba la garganta, y se soltó a llorar a gritos.
¡Todo era culpa de esa rancherita!
No solo le había robado a su familia… también le había robado a Joaquín.
Joaquín llevaba años tratándola con frialdad. Si le contestaba dos palabras era solo por consideración a los acuerdos entre los abuelos de ambas familias.
¡Y ni hablar de regalos!
Pero…
¿cuántos días habían pasado?
¡Y Joaquín ya estaba viviendo afuera con Kiara… y encima le compró un regalo!
Y por ese regalo, Lucía había terminado castigada en el jardín trasero… y ella se había quedado sin una aliada.
Pamela se llenó de coraje.
De pronto, se incorporó de golpe en la cama.
El regalo…
Mohamed lo había subido.
Y como todos estaban alrededor de Kiara, nadie estaba pendiente de aquí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste