Una tras otra, empezaron a responder justo el comentario que mencionaba lo de [YB a la medida].
Todos preguntaban cómo podía asegurarlo, si la caja no tenía ningún logo.
La que contestó era la hija del hombre más rico de la ciudad vecina, y respondió de inmediato:
[En mi fiesta de mayoría de edad, mi papá pagó una fortuna para que el diseñador principal de YB, Ícaro, me hiciera un vestido a la medida. Por eso tengo agregado al encargado de YB. Ayer vi en su Instagram que subió foto de esta misma caja.]
Y luego dejó otro comentario:
[Esa caja… mínimo es de un encargo de primer nivel. El vestido que me costó un millón para mandarlo a hacer no se compara con el de Pamela.]
Ese comentario terminó de reventarlo todo.
[No manches… con razón es señorita Ibarra. Para una fiesta de mayoría de edad, la señora Ibarra le mandó hacer algo con Ícaro de YB… qué envidia.]
[O sea que un encargo así empieza mínimo en un millón…]
[Mañana en la fiesta, Pamela, ¿nos vas a dejar ciegas o qué?]
…
Pamela veía cómo los comentarios seguían subiendo sin parar.
Toda esa envidia, celos y admiración… solo la hacía sentirse peor.
Se le pusieron los ojos todavía más rojos; la cara se le fue deformando de coraje.
¡Un encargo top de YB!
Y encima, hecho personalmente por el maestro Ícaro.
Joaquín le había regalado algo así a Kiara.
Y ella… ella hacía rato que, frente a Kiara, había presumido su propio regalo hecho a medida por el maestro Duarte.
Qué ridícula.
Antonio, al lado de Ícaro…
no era nada. Ni de chiste estaban en el mismo nivel.
Pamela había pensado ir mañana por la noche a la fiesta de mayoría de edad de Eloísa con ese vestido de Duarte, para arrasar con todos.
Quería que la familia viera con claridad quién merecía el título de señorita Ibarra.
Que ella, Pamela, era la hija más brillante y “digna” de la familia Ibarra.
Pero si Kiara aparecía con un vestido de noche hecho a medida por el diseñador principal de YB…

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