Los Zúñiga se quedaron en shock.
¿La “princesita” de la familia Carrasco… conocía a Kiara?
¿Y encima se llevaba tan bien con ella?
Y por si fuera poco, también vieron cómo Saúl Torres, el vicepresidente de la Asociación Internacional de Música, el mismo que había elogiado a Kiara como si fuera lo más grande del mundo, se acercó.
Y, emocionado, le dijo a Eloísa:
—Señorita Carrasco, si de verdad quiere aprender piano, la persona que tiene enfrente…
Luego miró a Kiara con un respeto casi reverente.
—La señorita Ibarra es la mejor maestra del mundo. Se lo digo con toda honestidad: yo en su momento tuve la suerte de que me diera un par de consejos, y gracias a eso di un salto enorme en técnica… y pude llegar a ser vicepresidente de la Asociación Internacional de Música.
Para Tristán y Dana, esas palabras fueron como un rayo en la cabeza.
Después,
vieron a Kiara bajar del escenario principal y caminar, con total naturalidad, hacia donde estaba la familia Ibarra.
Vieron cómo la elegante señora Ibarra se acercó de inmediato, le tomó la mano con ternura y le dijo algo en voz baja.
Regino, sentado en su silla de ruedas, sonreía de oreja a oreja, orgulloso.
El jefe de la familia Ibarra, ese hombre que movía todo desde las sombras y al que ellos jamás podrían siquiera acercarse, y el heredero… también se reunieron alrededor.
No alcanzaron a oír lo que decían.
Solo vieron… que Kiara les sonrió.
El ambiente era cálido, familiar.
Esa escena les picó los ojos como una espina.
Se quedaron como aturdidos, con una incredulidad vacía en la cara.
Y así, sin más, seguridad los terminó sacando de la mansión Carrasco.
Esa Kiara a la que ellos habían tirado como si nada…
¿quién demonios era?
*
En un bar ruidoso de Clarosol, en un reservado.
Patricio estaba en un rincón, tomando vaso tras vaso. El escándalo de sus amigos alrededor le daba igual.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste