Al oír esa voz clara, Perla sintió que… le sonaba.
El tono, la manera.
Pero no podía ser.
Esa chica, a lo mucho, no tenía ni veinte.
Perla sintió que el corazón le iba raro. La miró con más fuerza, con más miedo en los ojos.
Y cuando habló, hasta tartamudeó, sin nada de la seguridad de siempre.
—El diseño… parece hecho a propósito para combinar con el vestido de la señorita Carrasco. Trae elementos muy parecidos, como si los hubieran trabajado juntos…
—Y escuché que ese vestido se diseñó y se confeccionó hace apenas unos días. O sea que… el juego de joyas se tuvo que diseñar en estas fechas.
Esa era justo la razón por la que había ido a buscarla.
Quería sacar, por boca de Kiara, dónde estaba su maestra.
Kiara se tocó la barbilla, sonriendo, y asintió.
—Ajá. Bien pensado.
El corazón de Perla se aceleró más.
Algo no cuadraba.
Entre más hablaba esa chica… más le sonaba.
Le sonaba tanto que, sin querer, se le venía a la cabeza la imagen de su maestra.
Aunque nunca la había visto en persona, la tenía grabada.
Perla se clavó en la cara de Kiara.
Parpadeó y la miró todavía más, con una intensidad casi ridícula.
La expresión se le mezclaba entre asombro y susto.
—Ya. Si sigues mirando, no te va a aparecer el nombre “Queen” en mi cara. —Kiara ya no la quiso seguir picando.

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