En cuanto Dana vio que era Patricio, frunció el ceño.
—¿Y ese para qué te habla? ¿Todavía no le basta con meterte en problemas? ¿Con meternos en problemas?
Nunca había visto a un tipo que, después de hacerse el grande y estrellarse, todavía quisiera que su novia le cargara la mitad de la deuda.
Y, luego, se esfumara.
Cero responsabilidad.
Además, Dana ya había escuchado que Patricio podía perder la herencia de los Fuentes.
En esa familia traían un pleito durísimo por eso.
Si Patricio no era el heredero, ¿qué tenía que andar pretendiendo a Cata?
La llamada se cortó sola.
Catalina miró la pantalla apagada y se mordió el labio.
Después de ver hoy a tanta gente poderosa…
Patricio, la verdad, ya no le impresionaba.
Una familia que ni siquiera tenía acceso al festejo de Eloísa Carrasco, ¿qué futuro podía tener?
En Clarosol no pintaba.
¡Y ni siquiera era capaz de aplastar a Kiara!
A Catalina se le estaba subiendo la ambición.
Sintió que, después de pasar de lo más bajo a convertirse en la “verdadera hija” de una familia rica de Clarosol…
alguien como Joaquín, ese tipo perfecto, intocable, era quien la merecía.
Y si no…
mínimo uno de esos juniors top que vio hoy en el festejo de Eloísa.
Pensando así, cada vez le daba más flojera Patricio.
Ni quiso regresarle la llamada; ya se iba a guardar el celular cuando volvió a sonar.
Otra vez Patricio.
Catalina frunció el ceño, lista para colgar.

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