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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 648

Pamela miró el regalo que le acababan de dar.

Era un broche de edición limitada, que seguramente valía un millón.

Sin embargo, desvió la vista hacia el montón de bolsas de tiendas lujosas apiladas a un costado y apretó los labios con disimulo.

Siempre había creído que, en casa de sus abuelos, ella gozaría de todo el amor y el favoritismo absoluto.

Justo como Kiara lo hacía con la familia Ibarra, donde todos la trataban como oro puro.

Para su amarga sorpresa, su abuela también le había comprado regalos a Kiara. Y por lo visto... ¡no eran pocos!

Clavó las uñas en las palmas de sus manos, intentando reprimir la rabia, y explicó con su voz más suave:

—Al parecer, mi hermana tiene otros amigos aquí en Aquilinia... Me dijo que primero debía ir a verlos...

Fabián intervino desde un rincón con tono cortante:

—Tengo entendido que la señorita Valdez se crio en el campo y nunca antes había salido del país. Siendo esta su primera vez en Aquilinia, ¿qué clase de amigos podría tener aquí? Por la actitud grosera que mostró hace un momento... me atrevo a decir que la señorita Valdez simplemente no quería venir acompañada de la señorita Pamela.

—Fabián... —Pamela intentó callarlo de forma fingida, y luego se dirigió a Silvia con falsa desesperación—. No es cierto, mi hermana me trata muy bien...

Pero cuanto más intentaba defender a Kiara, más culpable la hacía parecer.

Silvia frunció el ceño y su expresión se tornó sombría.

Pamela sintió una oleada de júbilo en su interior; sus labios casi se curvaban en una sonrisa triunfal.

Sin embargo, el tono de Silvia al hablar fue frío y afilado:

—Fabián, yo decidiré qué clase de persona es Kiara. No necesito tus comentarios.

El rostro del mayordomo palideció al instante. Bajó la cabeza con humildad:

—Sí... me he excedido. Le ruego me disculpe, señora.

La sonrisa que Pamela luchaba por ocultar se congeló de golpe.

—Hablando de eso, a mi hermana también le encanta clavarles agujas a las personas con esos métodos anticuados que aprendió en el campo.

Mientras hablaba, observaba de reojo las reacciones de sus abuelos. Y continuó:

—Aunque, por supuesto, estoy segura de que no se compara con la doctora milagrosa que la salvó a usted, abuela. La última vez, en la fiesta de la familia Carrasco, el señor Montiel tuvo un ligero problema de salud. Había médicos profesionales allí, yo misma quise ayudar...

—Pero mi hermana se empeñó en clavarle agujas al señor Montiel, y el resultado fue que él terminó hospitalizado de emergencia.

Suspiró teatralmente y añadió:

—Menos mal que el señor Montiel se recuperó y fue muy generoso al no presentar cargos. De lo contrario...

Pamela fingió estar aterrorizada. Apretó la mano de Silvia, mostrando una genuina preocupación:

—Abuela, no es que no confíe en nuestros métodos tradicionales. Es solo que me preocupo por usted... Estamos en Aquilinia, aquí están los mejores médicos y los equipos más avanzados del mundo. ¿Qué pasa si la persona que la atendió hoy era una charlatana? ¿Qué pasa si sus agujas no estaban limpias o si tocó un nervio equivocado?

—No puedo quedarme tranquila. Mejor la acompaño a hacerse un chequeo completo, ¿le parece?

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