Pamela apretó los dedos, temblando de rabia.
¡Hasta hace un momento, su tío Simón estaba harto de escuchar sobre Kiara!
¡Pero en cuanto la vio, parecía otra persona!
¡A ella jamás le había sonreído de esa forma!
Justo en ese momento,
el médico a cargo de la habitación, acompañado de una enfermera, entró para hacer la revisión de rutina.
Los ojos de Pamela se iluminaron. Se acercó rápidamente y, con tono preocupado, le preguntó al doctor sobre el estado de salud de sus abuelos.
Hablaba el idioma de Aquilinia con absoluta fluidez, lo que la hizo levantar la barbilla con cierto orgullo.
El Dr. Valerio respondió pacientemente a todas sus preguntas.
Mientras la enfermera hacía las revisiones,
Pamela vio su oportunidad y fingió angustia:
—Por cierto, Dr. Valerio, hace rato cuando mi abuela tuvo su crisis en la calle, mi hermana la salvó poniéndole unas agujas de acupuntura cerca del corazón.
—Aunque la abuela ya está bien, al ser una técnica de medicina natural y no un procedimiento clínico oficial... además de no estar esterilizada, me preocupa que pueda tener efectos secundarios o causarle algún daño en el corazón.
Al escuchar eso, el Dr. Valerio frunció el ceño de inmediato.
Era la máxima autoridad en cardiología en Aquilinia, un fiel defensor de la medicina convencional que miraba a la medicina natural con absoluto desprecio.

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