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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 676

—El estado de mi abuela es mejor de lo esperado. Que siga tomando la comida curativa acompañada de algunas sesiones de acupuntura avanzada y, en medio mes, sus pulmones y corazón volverán a la normalidad. —Dejó el historial médico de Silvia sobre la mesa.

A Silvia la habían ayudado a recostarse en la camilla con mucho cuidado. Al escuchar a Kiara, soltó una alegre carcajada.

—¡Perfecto! Haré lo que Kiki me diga. El tratamiento será como ella ordene.

Miró de reojo al director Whitmore. Parecía un alumno aplicado, con un bloc de notas en la mano, de pie junto a su nieta y anotando rápidamente quién sabe qué.

Se veía muy concentrado tomando apuntes.

Silvia finalmente lo comprendió.

Seguramente este director Whitmore también había sido uno de los rivales derrotados que quedó fascinado por los talentos médicos de su nieta.

Kiara tomó la siguiente carpeta. Tocó con el dedo la imagen de la tomografía cerebral y su voz se volvió más grave.

—El estado de mi abuelo, tal como lo sospechaba, es un poco complicado.

Marcos la miró confundido.

—¿Yo? Pero si yo me siento de maravilla. Aparte de algún mareo ocasional, no tengo ningún problema serio.

—Los mareos son solo un síntoma preliminar —Kiara entrecerró los ojos—. ¿Verdad que de vez en cuando sientes que se te nubla la vista o que se te duermen las manos y los pies? Seguramente pensaste que era fatiga visual o reumatismo, pero en realidad, es a causa de un aneurisma cerebral.

—Está en una zona muy delicada, presionando el nervio óptico y parte de los nervios motores. Ahora mismo está en fase estable, pero si sufre alguna alteración y llega a reventarse, las consecuencias serían desastrosas.

El rostro de ambos abuelos cambió radicalmente.

—¿Cómo... cómo puede ser tan grave?

El director Whitmore se puso pálido al instante.

Llevaba años atendiendo a estos dos pacientes en su clínica y jamás se había dado cuenta de ese problema en el cerebro del señor Quintana.

El principal problema era la ubicación del aneurisma, era tan escurridiza que ni siquiera con imágenes era fácil de notar.

Si no fuera porque Kiara lo detectó...

Whitmore asintió enfáticamente.

—Por supuesto, aparte de usted, ¿quién más estaría calificado para algo así? ¡Yo seré su asistente en el quirófano!

Kiara asintió.

—Bien, eso es todo por ahora. Si no tienes nada más que agregar, puedes retirarte.

—¡Sí, Maestra! ¡Voy a convocar al comité de especialistas para discutir los detalles ahora mismo!

Lo único que Whitmore tenía en mente era estudiar a fondo el tratamiento de rehabilitación que Kiara había diseñado para los abuelos.

Su manera de mirarla había superado el mero respeto.

Era como si estuviera viendo a una deidad, a una verdadera leyenda.

No paraba de asentir, aferrándose al grueso montón de reportes médicos y a sus preciosas notas. Acompañado del séquito de doctores, se retiró a toda prisa, casi trotando de la emoción.

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