El superdeportivo rosa se detuvo en la línea de meta.
La puerta se abrió y Kiara bajó del auto.
En las pantallas gigantes...
La joven apareció bajo las luces de los reflectores; el viento nocturno agitó su largo cabello y aquel rostro frío, hermoso e impecable parecía irreal, deslumbrante más allá de lo terrenal.
El estadio entero estalló en gritos ensordecedores.
Todo el mundo vitoreaba a aquella joven imponente, capaz de demostrar una habilidad aterradora mientras mantenía esa arrogancia absoluta.
Sin embargo, frente a todo ese fervor...
El rostro de Kiara se mantenía sereno y con un aire de aburrimiento.
Sus ojos fríos como el hielo se fijaron en Adriana, que acababa de ser rescatada por el equipo, y que ahora estaba tirada en el piso, llorando a mares, con un aspecto deplorable.
Luego, su mirada se posó en Augusto, cuyo rostro estaba verde del coraje, y en Pamela, que parecía más muerta que viva.
Kiara curvó los labios en una sonrisa llena de sarcasmo y dijo:
—Adriana, los juguetitos que preparaste fueron muy aburridos.
Ese tipo de burla y humillación...
Hizo que Adriana, a la que tanto le importaba mantener las apariencias, temblara de rabia de pies a cabeza.
El rostro de Augusto también se tornó de un color espantoso. Furioso, agarró por el cuello a Hugo en cuanto este salió del auto, y le plantó un puñetazo directo en la cara.
—¡¿Eres un maldito inútil o qué?! ¡¿Pagué todo este dinero para que vinieras a perder?! ¡¿Ni siquiera pudiste ganarle a una mujer y tienes los huevos de llamarte el Rey del Asfalto?!
—¡Suéltame!
Hugo recibió el golpe de lleno.
Pero ni siquiera volteó a ver a Augusto. En cambio, se lo quitó de encima con un empujón violento y corrió tropezando hasta plantarse frente a Kiara.
Con una mirada febril y emocionado a tal punto que apenas podía hablar con claridad, dijo:
—Hace rato, ese derrape por inercia... y la Cola del Dragón...
Tú... ¡tú eres Skye! ¡Eres Skye! ¡La leyenda de las pistas que desapareció hace cuatro años, Skye! ¿Verdad?
¡Skye!
Ese nombre, incluso después de estar sumido en el silencio durante cuatro largos años...
¡Seguía provocando oleajes y tormentas en cualquier circuito en el que se mencionara!

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