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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 725

Aguijón cayó completamente desplomado en el suelo.

Con los ojos inyectados en sangre, miró fijamente al doctor Whitmore, que estaba atado a unos metros.

Después de todo, Avispa Negra era una organización de lunáticos despiadados. Al verse acorralado y sin salida, su instinto asesino más profundo despertó.

—¡No me obligues a hacer una locura, Muerte!

Apretó los dientes, su voz sonaba como la de una bestia acorralada.

—No estás en el Sector 7 ahora. Además... ¡el cirujano del viejo Quintana está en mis manos! ¡Su vida me pertenece!

—¡Si este médico muere, el viejo tampoco se salvará!

—¡Si te atreves a tocarme, lo mato! ¡Si nos hundimos, nos hundimos todos!

—¿Ah, sí? —Kiara soltó una carcajada suave, arqueando una ceja—. ¿Que nos hundimos todos?

—Aguijón, parece que ha pasado tanto tiempo que ya lo olvidaste. En la Liga Espectro no solo estoy yo, La Muerte Viviente, que se encarga de enviarlos al infierno... También tenemos a alguien capaz de arrebatarle almas a la parca: Milagros.

Su tono se volvió burlón.

—¿De verdad crees que en mi presencia podrás matar a alguien?

Desde el otro lado de la línea, solo se escuchó una respiración pesada.

Estaba completamente desesperado.

¿Cómo no estarlo?

Milagros... la doctora legendaria capaz de revivir a los muertos y curar lo imposible.

La Muerte Viviente la había llevado consigo.

Entonces, tener secuestrado al cirujano principal ya no significaba absolutamente nada.

Era inútil.

Si Milagros iba a intervenir, ¿qué importaba el doctor Whitmore?

—Aguijón —Kiara sonrió con pereza—. Se te acaba el tiempo.

—Espero que corras rápido. Y más te vale esconderte bien en tus agujeros de rata, no vayas a terminar como la última vez... cayendo de rodillas y suplicando piedad antes de haber avanzado quinientos metros.

Sin decir más, cortó la llamada.

Le lanzó el teléfono de vuelta a Simón.

Él estaba petrificado, mirando a Kiara como si viera a un ser de otro mundo.

Su pequeña sobrina, de veinte años... era La Muerte Viviente.

¡Jajajaja!

Absurdo, impactante, irreal...

¡Y, sin embargo, tenía todo el maldito sentido del mundo!

Kiara miró la hora, sus hermosos ojos rasgados brillando con intensidad.

—Llegó la hora del juego. A ver si ya se escondieron bien.

Bostezó con pereza.

—Probablemente, antes de que terminemos aquí, Escorpión ya habrá volado su sede principal por los aires.

¡Pum!

De repente, un disparo resonó desde el interior de Villa de Hierro.

El rostro de Simón cambió de golpe. Sacó un arma de su cintura, con una expresión sombría y gélida.

—¡Kiara, quédate afuera con tu gente! ¡Mis hombres ya llegaron, entraré primero! ¡Este es mi territorio, y si tuvieron las agallas de meterse conmigo, no saldrán vivos!

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