Aunque su cerebro estaba hecho un nudo por todas las identidades secretas de su sobrina, seguía siendo su tío. Incluso si ella era La Muerte Viviente, no se iba a quedar escondido detrás de una mujer.
Mucho menos iba a dejar que se arriesgara.
Kiara alzó la mirada hacia el origen de los disparos dentro de la fábrica.
No intentó detenerlo.
—Adelante.
Roca ya debía estar llegando con sus hombres también.
Ese montón de inútiles de Avispa Negra no representarían ningún problema real.
Si su tío quería entrar a divertirse un rato, que lo hiciera.
Simón se reunió rápidamente con su equipo y asaltaron el interior de Villa de Hierro.
—Kiara —Joaquín pasó el brazo por la esbelta cintura de la chica. Admirando su perfil audaz y hermoso, la miró con una adoración que parecía desbordarse—. Realmente eres una caja de sorpresas en todo momento.
Acercó los labios a su oído y soltó una risa profunda y baja.
—¿La Muerte Viviente? ¿Milagros?
Kiara lo miró de reojo.
—Ni se te ocurra decirme que te acabas de enterar.
Con lo inteligente que era Joaquín, seguro lo dedujo la última vez, cuando barrieron con las organizaciones enemigas en Veridia.
¿Y ahora fingía sorpresa?
¡Hombres!
Joaquín rio aún más divertido, con esa voz profunda y magnética que erizaba la piel.
Apoyó la barbilla en el hombro de la chica.
—Mmm, es solo que siento... que estos títulos son los únicos dignos de ti.
Y en cuanto a él, le bastaba con estar detrás de ella, pasándole las armas y limpiándole las manos manchadas de sangre.
***
Dentro de Villa de Hierro.
—¡Corran! ¡Corran!
—¿A dónde creen que van? —habló Roca con indiferencia, apuntándole directamente a Aguijón—. Nuestra líder aún no llega, el escenario aún no está listo. Como actores principales, ¿cómo piensan irse antes de que empiece la función?
Aguijón apretó los dientes, fulminando a Roca con la mirada.
—¡Nos están empujando a la muerte!
El rostro de Roca no mostró ninguna emoción.
—Ustedes mismos cavaron su tumba al meterse con quien no debían.
A fin de cuentas, Aguijón y sus hombres eran terroristas. Para liderar a un grupo de locos hasta el top cinco mundial, tenías que tener sangre fría.
Incluso si La Muerte Viviente los tenía muertos de miedo, sabían que sus horas estaban contadas.
El instinto de supervivencia los obligaba a pelear. ¿Y si de pura casualidad lograban escapar?
¡Además, esa fábrica estaba llena de trampas y sus propios hombres!
¡La habían modificado con armamento pesado y explosivos!
Si se desataba el infierno, ¡no necesariamente iban a perder!

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