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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 810

La echarían a la calle.

Perdería ese estatus del que tanto se enorgullecía...

Se quedaría sin autos de lujo, sin la mansión, sin la ropa de diseñador... Perdería todo lo que la hacía sentirse superior y deslumbrante.

Volvería a ser esa huérfana que nadie quería.

¡Esa huérfana pobre y miserable de la que todos se burlaban!

—¡No, por favor no!

Al imaginar esa escena, al pensar en cómo las mismas mujeres que antes la adulaban como perros falderos ahora se reirían de ella y la humillarían sin piedad.

¡No podía soportarlo!

Como una loca, se aferró a las piernas de su abuela con una mano y con la otra intentó agarrar el pantalón de Luis.

—Tío Luis, sé que me equivoqué, te lo suplico, no le digas a mis papás...

—¡Te juro que de ahora en adelante seré buena! Seré buena, se los prometo, seré la sirvienta de mi hermana si es necesario, la cuidaré, la complaceré en todo... pero no le digan nada a mi familia, por favor...

Lloraba desconsoladamente, con el maquillaje corrido y la cara hecha un desastre.

Ya nada de eso le importaba.

No podía perder su posición, no podía perder a su familia millonaria.

¡No quería perderlo todo!

Pero nadie le prestaba atención. Hasta mirarla les daba asco.

Silvia apartó sus piernas con brusquedad y le dio la espalda.

Decir que no le dolía sería mentira.

Después de todo, la había criado y amado como a su propia nieta durante más de una década.

Pero la decepción y el asco que sentía eran igual de reales.

La última vez fue blanda con ella.

Y por eso estuvieron a punto de arruinar la reputación de Kiara.

Entonces, ¿su amiga hacía magia o qué?

Kiara soltó una risa suave y, con gesto perezoso, señaló hacia el techo.

Escorpión levantó la mirada.

Y vio que, suspendidos sobre el salón principal, había varios minidrones negros.

Eran completamente silenciosos; si no prestabas atención, eran indetectables.

Pamela, al escucharla, también levantó la vista.

Al ver los drones, su rostro perdió el poco color que le quedaba.

Kiara la miró de reojo y esbozó una sonrisa deslumbrante.

—Para que tuviéramos un bonito recuerdo de mi fiesta de bienvenida, el tío Simón mandó a instalar más de diez minidrones sobre la propiedad para grabar todo.

—Y dio la casualidad de que uno de ellos captó el momento exacto en que Pamela robaba el collar y lo escondía en tu bolso.

—Sus trucos son demasiado predecibles. Así que... ya que sabía lo que tramaba, decidí seguirle el juego un rato.

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