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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 868

Sebastián levantó levemente la mirada. Cuando sus ojos, ocultos tras los lentes de apariencia inofensiva, se posaron sobre Kiara, un destello de excitación y morbo cruzó por ellos.

Pero lo disimuló a la perfección.

—Señorita, si cuestiona a la maestra Milagros, entonces le pido que nos muestre las pruebas de sus dudas —dijo Sebastián con una sonrisa—. De lo contrario, no tendré más opción que asumir que ha venido exclusivamente a sabotear la subasta de los Benítez.

Kiara frunció un poco el ceño.

No le gustaba nada la forma en que este hombre la miraba.

Parecía amable.

Pero la hacía sentir como si una serpiente venenosa se le estuviera enredando en el cuerpo.

Viscosa y helada.

Le provocaba repulsión.

—No es que la cuestione —respondió Kiara con calma e indiferencia—, es solo para evitar que aquí les vean la cara de idiotas.

—Además...

Hizo una pausa y continuó.

—Si una cosa como esa realmente se vendiera por más de tres mil millones, sería una completa ofensa al nombre de Milagros.

Kiara levantó la mirada hacia la enorme pantalla sobre el escenario.

En ella se mostraba un acercamiento en alta definición a un fragmento de las hojas.

—En ese manuscrito, los trazos de la escritura son inmaduros y tienen tachones por todas partes.

—Es evidente que son unos apuntes de prueba de sus primeros años.

—A juzgar por el estado de las hojas, deben tener bastante tiempo.

—Pero lo más importante... es la famosa receta para prolongar la vida que está ahí escrita.

Aunque en la pantalla solo se mostraba una esquina recortada para que todos apreciaran el detalle.

Casualmente, había una línea de la fórmula a la vista.

—La proporción entre la Equinácea y la Cimicífuga es de tres a uno. Ese es un método que se usaba hace ocho años; en la receta mejorada actual, la proporción se ajustó a cuatro a uno, y se le añadió Esquizandra para estabilizar la energía vital.

—En la siguiente página, dice que la proporción de purificación del Ganoderma de Nieve es de uno a tres, pero ese método de extracción quedó obsoleto hace cinco años.

Evidentemente, no todos los presentes tenían conocimientos médicos.

Muchos no entendieron ni una palabra de lo que Kiara dijo sobre las proporciones de las plantas.

Sin embargo, la seguridad con la que aquella mujer hablaba era indiscutible.

La naturalidad con la que soltaba todos esos tecnicismos dejaba claro que no era ninguna aficionada inventando cosas.

Empezaron a discutir entre ellos, intercambiando miradas llenas de dudas.

Incluso hubo quienes dirigieron sus ojos inquisitivos hacia Guillermo Benítez.

—¡C... Cállate! —gritó Sabrina, perdiendo los estribos al escuchar los rumores y levantando la voz furiosa—. ¿Qué sarta de tonterías estás inventando? ¡¿Quién te crees para juzgar el trabajo de la maestra Milagros?! ¡Es obvio que solo viniste a arruinarnos la noche!

Giró la cabeza hacia Sebastián.

—¡Hermano, mírala! Está diciendo locuras, ¡es evidente que su único propósito es arruinarnos el evento!

La mirada de Sebastián se volvió oscura y pesada.

Entrecerró los ojos, y esa sensación viscosa y gélida en su expresión se hizo aún más evidente.

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