Esa era precisamente la razón por la que Sabrina había logrado entrar al grupo élite.
Sabrina curvó los labios, con una expresión cargada de arrogancia y seguridad.
Disfrutando ser el centro de atención, le dirigió una mirada de reojo a Kiara antes de hablar.
Elevó la voz a propósito y articuló cada palabra con claridad:
—Profesora Moreno, de hecho, yo he visto esta planta.
—Se trata de una cepa mutante de la Glicina Purpúrea. Sus hojas segregan una enzima especial que puede catalizar la síntesis de ciertos medicamentos contra el cáncer.
La Profesora Moreno asintió con aprobación:
—Excelente, excelente. Digna de la formación de la familia Benítez, tu conocimiento es muy amplio. Dime entonces, ¿cómo se extrae?
Sabrina alzó un poco más la barbilla y sonrió con suficiencia:
—El principal componente activo de la Glicina Purpúrea es la Enzima Purpúrea que se encuentra en sus hojas. Su extracción es sumamente compleja, ya que requiere...
Y así, continuó hablando con gran elocuencia.
Una cascada de términos técnicos salió de su boca.
La Profesora Moreno asentía una y otra vez mientras la escuchaba:
—Muy bien. Eres verdaderamente una de nuestras alumnas más destacadas. Es admirable que conozcas una planta tan inusual y con tanto nivel de detalle.
—Se nota que dedicas mucho tiempo y esfuerzo a investigar. Tienes un futuro brillante por delante.
Los demás estudiantes la escuchaban boquiabiertos.
—¡Sabrina es increíble!
—¡Se nota que viene de una familia de médicos! ¡Pudo reconocer una planta que ni siquiera tiene registros y de la que solo hay tres en el mundo! Y además lo explicó de manera muy profesional.
—Nosotros ni siquiera habíamos escuchado el nombre.
...
Habiendo ganado el reconocimiento de la profesora y disfrutando de las miradas de admiración de sus compañeros, Sabrina se sentía en la cima del mundo.
Y en medio de ese orgullo,
—Kiara Ibarra, ¿alguna vez habías visto una planta de primer nivel como esta?
Sabrina soltó una carcajada burlona:
—Ah, claro que no. En el campo de donde vienes, lo único que hay es maleza.
Las largas pestañas de Kiara temblaron levemente.
Lentamente giró la mirada, paseando sus ojos con indiferencia por la placa transparente que estaba detrás de Sabrina.
Al ver que Kiara reaccionaba, Sabrina se sintió aún más superior:
—Te hiciste la muy lista frente al Profesor Pineda, ¿verdad? Ya que eres tan brillante, ¿por qué no nos haces un análisis de esta planta también?
La Profesora Moreno también dirigió su atención hacia la famosa estudiante nueva. Recordando cómo el Profesor Pineda saltaba de alegría, sintió la tentación de ponerla a prueba ella misma.
—Kiara, escuché al Profesor Pineda decir que para que te motives a participar, se necesita un incentivo lo suficientemente bueno.
La profesora sonrió amablemente y continuó:
—Yo estoy en la misma sintonía que él. Si logras dejarme satisfecha en mi clase, te daré la nota máxima en participación. Y no solo eso... a partir de hoy, en mis clases, podrás hacer lo que se te dé la gana.

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