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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 938

Entrecerró un poco sus brillantes ojos y habló con un tono indiferente.

—Santiago.

Su voz sonaba perezosa, aún con un toque de la ronquera de alguien que recién despierta.

Santiago levantó la vista hacia ella.

—Ven aquí —dijo Kiara.

Santiago se quedó paralizado un segundo.

—Estar en mi equipo es mucho mejor que ser la mascota de alguien —añadió ella con una media sonrisa.

Sabrina estaba echando humo por las orejas.

—¡¿Te atreves, Santiago?! ¡Te lo advierto, si te atreves a traicionar a la familia Benítez, a traicionarme a mí, y te unes a esa cualquiera, cortaré tu beca de inmediato! ¡Quiero verte intentando pagar el tratamiento de tu abuela sin nosotros!

El rostro de Santiago fue perdiendo color poco a poco, hasta quedar blanco como el papel. Todo su cuerpo temblaba levemente.

Contuvo la respiración y aferró con fuerza las correas de su mochila.

Él... ya no podía más.

Estaba harto de ser tratado como un perro, de que pisotearan su dignidad día tras día.

Si Sabrina solo lo insultara, podría soportarlo.

Pero lo peor era que ella disfrutaba dándole órdenes como si fuera su mascota, obligándolo a hacer cosas... cosas que él realmente no quería hacer.

Como últimamente, cuando Sabrina insistía en que la ayudara a sabotear a Kiara.

O como cuando... siempre se adueñaba de sus datos experimentales y lo obligaba a encubrir los errores del laboratorio.

Estaba harto de hacer esas cosas.

Ya no quería soportarlo más.

Apretó los puños.

Bajo la mirada atónita de toda la clase, y soportando la mirada asesina de Sabrina, caminó hacia Kiara.

Se detuvo junto a ella y bajó la cabeza.

—Señorita Kiara...

—¿Lo has pensado bien? —Kiara enarcó una ceja, mirándolo con su habitual postura relajada—. Si te unes a mí, tu patrocinadora te va a cortar el dinero.

Los dedos de Santiago se tensaron.

Pensó en su abuela, postrada en aquella cama de hospital.

Pensó en los exorbitantes gastos médicos.

Pero...

Respiró hondo y, detrás de sus lentes, sus ojos mostraron una determinación absoluta.

Originalmente, no tenía intención de perder el tiempo en una competencia que le parecía un juego de niños.

Pero al ver al presidente de la clase mantenerse firme en su decisión frente a la hostilidad de Sabrina...

Y además...

Sobre este chico...

Había un par de cosas que quería averiguar.

La mirada de Kiara recorrió el rostro extremadamente pálido de Santiago.

Al tenerlo cerca, podía verlo con mayor claridad.

La palidez de Santiago no era normal.

No era porque estuviera asustado por las amenazas de Sabrina o por el estrés.

Era una palidez enfermiza, casi verdosa.

Especialmente por esas ojeras oscuras que rodeaban sus ojos.

Aunque parecía intentar mantenerse alerta, su mirada vagaba, y el borde de sus labios tenía un tono violáceo.

Incluso al estar de pie a su lado, parecía tambalearse ligeramente.

Y cuando se alteraba por la tensión emocional, el temblor de su cuerpo se volvía mucho más evidente.

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