Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 945

—No importa.

La expresión de Kiara se mantuvo impasible.

—Tú solo dime todo lo que sabes, yo me encargo del resto.

Rosana observó el rostro sereno de Kiara.

Su aura era tan imponente como la de una reina suprema.

Alguien capaz de mover los hilos del mundo con un solo gesto.

Al parecer, no le importaba en lo absoluto la existencia de la familia Benítez.

Y tenía sentido...

Si Kiara realmente les temiera, jamás se habría enfrentado abiertamente a Sabrina.

Su actitud dejaba claro que Sabrina no era más que un insecto para ella.

Al ver ese rostro frío y hermoso, una esperanza infinita floreció en el corazón de Rosana.

Le contó todo lo que sabía, sin omitir un solo detalle.

Ella y Esperanza venían del mismo pueblo aislado.

Aunque estaban en pleno siglo veintiuno, en los rincones más alejados del país aún persistía el machismo más rancio.

Por ejemplo, a Rosana, por el simple hecho de ser niña, le habían puesto un nombre simple.

Y Esperanza, por ser la primogénita cuando sus padres deseaban desesperadamente un varón, recibió un nombre que cargaba con la obligación de traer a un hermano al mundo.

En su pueblo, la única razón de ser de una mujer era servir como esclava a los hombres de la familia.

O, en el mejor de los casos, ser vendida al mejor postor como dinero de dote para costear la boda de sus hermanos.

Su plan original era graduarse y entrar a trabajar directamente a la farmacéutica Benítez como muestra de agradecimiento.

Pero hace dos meses, Esperanza le contó eufórica que los Benítez la habían seleccionado para un programa intensivo en el extranjero. Le prometieron que, al regresar, la nombrarían investigadora principal en sus laboratorios.

Además, la familia le dio un bono inmenso a la familia de Esperanza.

—Antes de irse, Esperanza no se veía bien de salud —dijo Rosana con la voz quebrada—. Le sangraba la nariz a cada rato y tenía cambios de humor muy violentos, algo rarísimo en ella. Fuimos al doctor, pero le dijeron que era por el estrés de los exámenes.

—Después, llegaron unos enviados de los Benítez y la llevaron a hacerse unos estudios médicos muy completos. Luego... luego nos dijeron que su genética era especial, que era una genio en un millón, y que la mandarían al extranjero para un entrenamiento élite.

—Esperanza estaba feliz antes de irse. Decía que volvería para pagarles con creces todo lo que habían hecho por ella —sollozó Rosana—. Pero... desde que la dejé en el aeropuerto, jamás volví a saber de ella.

—La llamé, le escribí correos, y nada.

—Kiara, tengo el presentimiento... de que algo terrible le pasó.

—Aunque ya no quisiera saber de mí, ¿por qué no le contestaría el teléfono ni a su propia familia?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste