Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 946

A medida que hablaba, Rosana rompió a llorar nuevamente.

Se cubrió el rostro, humedeciendo sus palmas con lágrimas.

Kiara entrecerró los ojos.

En ese momento, Santiago, que estaba de pie a su lado, habló en voz baja:

—A decir verdad... yo también sé un poco sobre ese tema.

Kiara lo miró de reojo.

Rosana levantó la vista, sollozando, y también clavó los ojos en él.

Al sentir la mirada de ambas, el rostro de Santiago se enrojeció levemente.

Apartó la vista de inmediato, mirándose los zapatos, y continuó en un murmullo:

—Es que... hace un tiempo, un par de estudiantes de último año de ingeniería en sistemas, que también estaban patrocinados por los Benítez, fueron enviados al extranjero. Y después de eso... nadie volvió a saber nada de ellos.

Si una persona desaparecía al irse al extranjero, uno podría suponer que tal vez quería olvidar su pasado de pobreza y vivir una vida de lujos cortando lazos.

Pero, ¿dos, tres, cuatro personas?

¿Podía ser simple coincidencia?

Kiara dejó de tamborilear los dedos sobre el escritorio y fijó la mirada en Rosana:

—Cuando le hicieron los estudios médicos, ¿estuviste ahí?

Rosana asintió.

—¿Le sacaron sangre? —preguntó Kiara.

Rosana volvió a asentir:

—Sí. Cuando Esperanza regresó, estaba pálida como el papel. Dijo que le habían sacado muchísimos tubos de sangre.

Santiago intervino de nuevo:

—Yo también pasé por esa revisión. Cada seis meses, los Benítez mandan camionetas para llevarnos a una clínica privada. Nos hacen análisis exhaustivos.

—Nos decían que era para asegurarse de que nuestra salud estuviera en perfectas condiciones y no nos desgastáramos por el estudio.

—Pero, curiosamente, después de cada chequeo, las pastillas que nos daban venían en un empaque diferente.

Capítulo 946 1

Capítulo 946 2

Capítulo 946 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste