Mientras hablaba, sacó una toallita húmeda y comenzó a limpiar los dedos de la chica, uno por uno, con extremo cuidado.
La fuerza que usaba era casi inexistente, sumamente suave.
Pero la acción destilaba una posesividad obsesiva y profunda.
La toallita olía a limón y estaba fría.
Él limpiaba con una atención desmesurada.
Desde la piel del dorso, trazando círculos, desde la base hasta la punta de cada dedo.
Movimientos tan lentos que parecía estar puliendo una joya invaluable.
Solo que, poco a poco...
Esa mano empezó a portarse mal.
Dejó caer la toallita a un lado.
Y con la yema de sus dedos, comenzó a acariciar el centro de la palma de la chica.
Incluso le hizo unas ligeras cosquillas, con una clara intención seductora.
Kiara retiró la mano de un tirón y rodó los ojos.
—Conduce y deja de aprovecharte de mí.
Joaquín arrojó la toallita a la basura, y su tono de voz se oscureció repentinamente:
—Por la forma en que te miraba Sebastián... me temo que ya se dio cuenta de que eres la misma persona que le arruinó el negocio a su familia en la subasta.
Esa mirada no era solo la de alguien viendo a un enemigo.
Era la mirada de un depredador acechando a una presa.
Una presa que lo excitaba enfermizamente.
—Que se dé cuenta si quiere. —Kiara se encogió de hombros, restándole importancia—. Llegaste tarde un segundo y casi le rompo algo más que la mano. ¿Crees que le tengo miedo?
Cuando se presentaba como La Muerte Viviente, los que querían asesinarla hacían fila desde Solarenia hasta el otro lado del mundo.
¿La familia Benítez?
Eran un chiste, ni siquiera calificaban como una amenaza seria.
—Sé que eres increíble, Kiki, y que esa basura jamás podría lastimarte. Pero esa clase de psicópatas... una vez que fijan su atención en ti, se vuelven como ratas de alcantarilla. Te observan todo el día, merodeando a tu alrededor.
La voz de Joaquín era fría y cortante, aunque sus hermosos ojos brillaban con intensidad.
—Kiki... los trabajos sucios, déjamelos a mí. Tú solo preocúpate por mantenerte impecable.
Kiara lo miró incrédula:
—¿Yo? ¿La Muerte Viviente? ¿Impecable?
—No me importa quién seas. Conmigo, deshacerse de basuras y arruinar vidas es tarea mía. —Joaquín tomó su mano nuevamente y depositó un suave beso en sus nudillos.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste