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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 975

Este torneo era especial.

Como Kiara iba a participar, todos en la familia Ibarra se habían tomado la molestia de investigar a fondo el Desafío Élite.

Por lo tanto, sabían muy bien quiénes eran sus principales oponentes.

El equipo más ruidoso de la Universidad Libre del Sur era, sin duda, el Equipo Atrapasueños, liderado por Pamela Ibarra y Sabrina Benítez.

Si alguien estaba desesperado por evitar que Kiara participara, tenía que ser la familia Benítez.

Kiara levantó una ceja, impresionada.

—Qué perspicaz eres, hermano.

—¿Qué tan mediocres tienen que ser para atreverse a llamarte a amenazarte? —Vanesa soltó un bufido de desprecio—. Esto solo demuestra que son unos cobardes. Ninguno de ellos te llega a los talones, Kiki.

Saber que Kiara iba a competir los tenía temblando.

Era patético.

Kiara sonrió con ironía.

—Así es. Solo son un par de payasos haciendo ruido. No valen la pena.

Vanesa le sirvió más comida en el plato.

—Exacto. Los Benítez no son nadie. Tú concéntrate en cenar y no dejes que los ladridos de esos perdedores te quiten el apetito.

Kiara asintió.

Sin embargo, por debajo de la mesa, sus dedos volaban sobre la pantalla de su celular, enviándole un mensaje a Escorpión.

*Pon a alguien a vigilar a Santiago y a los otros tres. No confío en los Benítez, seguro intentarán alguna jugada sucia.*

Escorpión respondió al instante.

*Entendido, jefa. Consideralo un hecho. Yo me encargo.*

Pero, en menos de diez minutos...

El teléfono de Kiara volvió a sonar. Era Escorpión.

Kiara miró a su familia, que seguía cenando, y se levantó de la silla.

—Ya terminé. Me está llamando Violeta, seguro es algo urgente del trabajo.

En cuanto se cerró la puerta de su habitación, contestó.

La voz de Escorpión sonaba al otro lado, frustrada y furiosa.

—Maldita sea, jefa. Llegué un paso tarde.

—¡Hubo problemas!

—Los chicos que me pediste vigilar... Uno de ellos, Santiago, está en graves problemas.

De fondo se escuchaba el rugido del viento.

Era evidente que iba a toda velocidad en su motocicleta.

—Tu abuela está en estado crítico. La trasladamos a cuidados intensivos en el Hospital del Este.

E inmediatamente cortaron la llamada.

Santiago corrió como un desquiciado hasta el hospital.

Pero al llegar a la puerta de Terapia Intensiva, se topó con un muro humano: cuatro guardaespaldas con traje negro le bloqueaban el paso.

—Señor Santiago, esta es un área restringida. No puede pasar.

—La condición de su abuela empeoró y los mejores especialistas de la familia Benítez la están estabilizando.

—La señorita Benítez le manda un mensaje. Tiene dos opciones.

—La primera: durante el torneo, usted robará los datos principales de Kiara Ibarra y meterá un virus en su computadora para humillarla públicamente.

—La segunda: usted se retira de la competencia ahora mismo.

—Si obedece, la familia Benítez se encargará de que a su abuela no le falte absolutamente nada.

El guardaespaldas esbozó una sonrisa macabra.

—Pero si decide hacerse el valiente... las mangueras de oxígeno de esta sala son bastante frágiles.

Santiago tembló de pies a cabeza.

La desesperación y el dolor lo desgarraban por dentro.

Sentía que se estaba volviendo loco.

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