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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 974

Ella había sido ese rayo de luz que perforó la oscuridad de sus vidas.

Y ahora, su misión era convertirse en faros más brillantes.

Para iluminar su propio camino.

Y para guiar a todos los demás compañeros que seguían perdidos en las sombras.

—¡Entendido, capitana!

Respondieron a una sola voz, con los ojos inyectados en pura determinación.

...

Al atardecer.

Comedor principal de la mansión Ibarra.

Las luces iluminaban el salón mientras un delicioso aroma a comida casera llenaba el ambiente.

Kiara estaba cenando tranquilamente.

De pronto, su teléfono comenzó a vibrar.

Era un número desconocido.

Ella entrecerró los ojos; no necesitaba adivinar demasiado para saber a quién pertenecía esa línea.

Dejó sus cubiertos sobre la mesa y contestó.

No dijo una sola palabra.

Del otro lado de la línea se escuchó una carcajada espeluznante que helaría la sangre de cualquiera.

—Señorita Kiara, cuánto tiempo sin escucharla... De verdad que la he echado de menos.

Esa voz babosa y enfermiza resultaba asquerosa incluso a través de la bocina.

El rostro de Kiara no mostró ninguna emoción.

—Sebastián Benítez.

—Vaya, vaya... no pensé que me recordara. Me siento honrado...

Sebastián bajó la voz, cargada de una emoción perturbadora.

—Me contaron que su equipito de perdedores se está preparando bastante bien.

—Dígame, señorita Ibarra... ¿de verdad tiene tantas ganas de ganar este torneo?

Kiara no estaba de humor para soportar sus asquerosidades. Su tono fue tajante:

—Ve al grano.

La familia Benítez realmente estaba cavando su propia tumba.

—¿Qué pasa, Kiki? ¿Quién era? —preguntó Camilo, notando de inmediato el cambio en el rostro de su hija adorada.

Desde el momento en que había contestado, la atmósfera se había tensado.

Toda la familia dejó de comer y la miró con preocupación.

Álvaro Ibarra se ajustó los lentes de montura dorada y la miró fijamente.

—Hermanita, sé que eres perfectamente capaz de manejar tus asuntos, pero si necesitas cualquier cosa, solo tienes que pedírmelo.

Todos lo sabían.

Para que algo le borrara la sonrisa a Kiara, no podía tratarse de un problema menor.

Incluso podría ser algo que escapara al alcance del mundo en el que ellos se movían.

Pero, sin importar el riesgo, estaban dispuestos a mover cielo y tierra por ayudarla.

—No es nada —Kiara levantó la mirada, encontrándose con los rostros preocupados de su familia, y forzó una sonrisa tranquila—. Solo una molestia menor. Alguien que no quiere que me presente mañana al Desafío Élite.

Los ojos de Álvaro se oscurecieron tras los cristales de sus lentes.

—¿Fueron los Benítez?

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