Estaba confundida.
¿Por qué Erik querría reclamarme de una forma tan... pública?
—¿Por qué ese bastardo pide una recompensa? —preguntó Kaelen con evidente fastidio.
Zero no tardó en responder.
—Porque insiste en que nos ayudó a entrar al castillo.
Sentí un vacío en el estómago.
Así que lo sabía. Sabía que el ataque ocurriría esa misma noche.
Jodido bastardo mentiroso.
Kaelen resopló.
—No hizo absolutamente nada. Fueron nuestros aliados quienes dejaron abierta la puerta.
—Él asegura que sin su ayuda nada de esto habría sido posible.
El nuevo rey soltó un gruñido.
—No le debemos nada.
Zero inclinó ligeramente la cabeza.
—Tal vez debería decírselo usted mismo, mi señor.
Kaelen guardó silencio unos segundos. Después volvió la vista hacia mí.
—¿Fuiste enviada por el Alfa Erik para convertirte en la amante de mi padre?
Negué con calma.
—No, su alteza. Mi dueño es el Alfa Daniel.
Sus cejas se fruncieron.
—¿Conoces a Erik?
—Solo de nombre.
Y era cierto.
Nunca me habló de nada personal cuando me entrenó. Para mí siempre había sido simplemente Erik, el bastardo que me había comprado.
Kaelen maldijo entre dientes y comenzó a caminar de un lado a otro.
Finalmente se detuvo.
—Llévenla a una habitación con vigilancia.
Miró a Zero.
—Quiero saber por qué ese zorro astuto quiere precisamente a esta humana.
—Sí, mi señor.
Kaelen descargó el puño contra la pared antes de salir de la habitación.
La puerta se cerró tras él.
---
Zero me condujo por un par de pasillos hasta una habitación pequeña.
No tenía ventanas.
Solo una cama, una silla y una mesa de madera.
Cuando cerraron la puerta detrás de mí, dejé escapar un largo suspiro.
Había estado tan cerca. Tan cerca de recuperar mi libertad...
Debí saber que confiar en Erik era una mala idea.
Me dejé caer sobre la cama.
El cansancio terminó venciendo incluso a la frustración.
No recordaba la última vez que había dormido más de tres horas seguidas.
Cuando abrí los ojos, un tenue rayo de sol se colaba bajo la puerta.
Habían pasado varias horas.
Entonces escuché el sonido del cerrojo.
La puerta se abrió apenas lo suficiente para dejar entrar una figura cubierta por una capa oscura.
No necesitó bajar la capucha para que lo reconociera.
Bastardo. Estaba segura ahora de que me pidió como "recompensa" solo para que me aislaran e impidieran que saliera del castillo.
—No tenemos mucho tiempo —dijo Erik mientras cerraba la puerta detrás de él.
Me puse de pie de inmediato.
—¿Qué haces aquí?
—Vengo a darte tu nueva misión.
Sentí un mal presentimiento.
—¿Nueva?
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