Anastasia.
Sacudí mi cabeza, no podía esconderme, así que me puse delante del jefe, pero cuando lo miré, él ya tenía su mirada puesta en mí.
Como si me estuviera esperando, como si…
—Señor, buenas noches… —tuve que saludar.
La mujer que tenía a su lado, sonrió y luego bajó la mirada para hacer un escrutinio en mí como si no pudiera creerlo.
No podía negar que me sentí muy incómoda y sobre todo, fuera de lugar ante su mirada mezquina.
—Parece que te has equivocado de fiesta…
Abrí mi boca rápidamente para responderle, pero no pude decir una sola palabra.
—Es mi asistente Kozlov… —el jefe intervino soltándose de ella de alguna forma.
Él tenía una sonrisa algo enigmática y luego sin más, también me miró de pies a cabeza y se dirigió a mí—. ¿Estás lista?
¿Para qué? Me pregunté todas las veces, pero afirmé como una tonta, no trabajaba para él para refutarle todo el tiempo.
Todo lo que concierne a mi jefe, debía tratarse de trabajo.
—Nos vemos al rato, Jessica… —el señor Kozlov le dijo a la mujer, y luego caminó haciendo que yo lo siguiera.
Nos unimos a un grupo de gente muy elegante, que nada más llegamos, sonrieron con sinceridad a mi jefe.
—Kozlov… —saludaron.
Él les dio la mano a todos los hombres y fue muy galante con la mayoría de las mujeres presentes.
Después de que el jefe me presentara todos, alguien, que deduje era el organizador de la noche, nos pasó a la mesa principal.
Mi jefe y el hombre hablaron por lo bajo la mayoría del tiempo, pero después de un rato, y que sirvieran la cena, vi cómo el señor Kozlov se giró hacia mí.
—Anota este contacto… y luego agendas una cita con su asistente en unos días…
Asentí todo el tiempo trabajando en el iPad, el señor Kozlov me señaló varias personas y con ellos algunas alianzas y negocios que haría en el futuro, para que yo estudiara con anticipación las ofertas.
Todo esto, hasta que su mano grande atrapó el aparato y luego giré la cabeza.
—Ya no más trabajo… —ordenó.
Asentí apartando el iPad y luego miré el lugar después de mucho tiempo.
—Señor… si no me necesita aquí, puede irme…
Él rio como si le hubiese contado un chiste, y luego le dijo al camarero que viniera a continuación.
Le dio una orden de dos tragos y yo negué todo el tiempo.
—No señor, no bebo… de verdad…
Está vez mi jefe se acercó mucho a mí, que incluso tuve que arrimarme un poco y acostar la cabeza a la nuca.
—Recibiste una maldit@ bebida de esos imbéciles… —carraspeo un poco y me sonrió tocándome la nariz—. Acepta un trago de tu jefe, princesa Anastasia… yo no te voy a drogar, ¿O piensas que si?
Mi respiración se trancó enseguida, y me pregunté si acaso él no se daba cuenta de que ahora estábamos al descubierto de todo el mundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA ASISTENTE DEL MAFIOSO