Anastasia.
Fue casi imposible no dar dos pasos hacia atrás, parecía que el hombre fuese a atacarme, y para completar, escuché un montón de copas caerse, y al girarme me di cuenta de que yo había sido la causante cuando choqué con un mesero.
Puse las manos en mi boca al ver la bandeja y las copas partidas en el suelo.
—Lo siento mucho…
—No pasa nada… —mi jefe intervino y el mesero asintió más bien como si él tuviera la culpa.
—Yo puedo ayudar… —dije e intenté agacharme de inmediato, pero en el instante sentí cómo una mano rodeó mi brazo.
—No… ya nos vamos… —tuve que mirar el agarre, sus dedos alrededor de mi brazo, por supuesto, cubiertos por mi chaqueta, estaban fijos, pero eso no pudo evitar mi agitación.
—Señor…
Mi jefe no se detuvo, caminó conmigo tomada del brazo, y luego salimos a la calle, mientras el aire golpeó en mi rostro.
Allí todos lo esperaban, y luego escuché cómo él ordenó a “A la suite” y mis alarmas se activaron.
Yo no podía echar todo lo que era solo por perder un trabajo y él había sido muy directo en sus palabras, así que esto debía terminar.
—Señor… necesito hablar con usted…
—Adelante… —él se arregló la chaqueta e incluso se arrimó un poco prestándome toda su atención.
—No sé… no sé lo que usted quiso hacer allá… no entiendo por qué me dijo esas cosas delante de esa chica… llamada Jessica… yo… —hice una pausa, me estaba costando muchísimo, tenía las palpitaciones en la garganta, y los nervios en la cima—. Usted… usted me paga muy bien, y créame, necesito este trabajo… pero yo no soy…
—Usted no es como las demás… —mi jefe se adelantó.
—Señor, yo no juego aquí, de verdad tomo todo esto como un trabajo real y muy en serio, y para comenzar, no debería quedarme en el mismo piso que usted… es inapropiado.
El hombre sonrió mirando al frente mientras rascó sus labios.
—Sé que no juega…
—¿Y por qué se ríe? —Me precipité—. Se ríe de mí, ¿no es así?
Por fin él giró la cabeza hacia mí, y disminuyó el gesto de cinismo.
—Nadie en sus cinco sentidos se reiría de ti… —y colocándole un dedo en mi frente continuó—. Eso solo está aquí…
Me separé enseguida y le mostré mi rostro más serio.
—No estoy acostumbrada a tales acercamientos, tal vez…
Y en el momento, su dedo bajo a mi boca para cerrarla.
—Eres muy lista en muchas cosas, pero te falta experiencia, lo que no me enoja en lo absoluto… —mi jefe se acercó otro poco para dejar su mirada a la misma altura y luego ¡plum!, sonrió.
—Esa chica, Jessica, ni siquiera me agradaba… ¿Te das cuenta de que no solo eres la asistente Kozlov? También haces huir a las mujeres que son una patada en el culo. Además, lo que dije de ti, no es mentira… y puedo hacerles cumplidos a mis empleados.
El señor Kozlov bajó la mirada a mi boca, y luego despegó su dedo suavemente frunciendo su ceño, mientras que yo solo quería morirme en el mismo segundo.
Esto era demasiado. ¿Acaso no había escuchado mi advertencia sobre el acercamiento?
El auto se detuvo y me pregunté en qué momento había pasado el tiempo, el jefe abrió la puerta, pero yo quería dejar las cosas claras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA ASISTENTE DEL MAFIOSO