Anastasia.
Había planeado mil excusas, todas muy válidas para salirme de este embrollo, pero no sabía con qué valentía lo iba a enfrentar.
A diferencia de ida, regresar pasó en minutos, y cuando mis pies estuvieron en Moscú sentía alivio y terror a la vez, pero ya vería qué podría hacer en los siguientes días para cambiar la idea de mi jefe, con respecto a mis padres.
De ninguna manera se podían encontrar.
Me senté a su lado en un auto negro, y luego vi cómo él se me quedó mirando.
—Luka… vamos a la dirección donde siempre recogen a Anastasia… —parpadeé lentamente mirando a Luka delante y luego me giré hacia el jefe.
—Señor, yo…
—¿Necesitas decir algo?
Me agité mucho, no solo por mis padres, tal vez ellos no habían visto el rostro de jefe, pero ¿mis vecinos?
—¿Va a ir ya? Quiero decir… hoy mismo… ni siquiera he legado con ellos a saludar después de este viaje y…
—Por supuesto… ¿Crees que no sé qué, con esta mente llena de estrategias, buscarás las forma repeler este encuentro? Pequeña… —él se agachó a mi altura—. Recuerda que esto es una fase de prueba… y tu lealtad es indispensable para mí… ¿Por qué no dejas de pecar deliberadamente y te pones a cuentas con el de allá arriba?
Apreté mi boca y negué.
—Reconozco que mentí… pero usted ni siquiera me ha preguntado las causas que me llevaron a ello…
—¿Hay alguna excusa para pecar? —me sentí peor que nunca, el demonio dándome clases de moral.
—No… pero, usted no conoce a mis papás… y…
El jefe se adelantó para tocar mis hombros, y me sacudió un poco.
—Relájate… antes de llegar al lugar, solo quedaremos el chofer, tú y yo… y seremos muy discretos al entrar a tu casa… nadie nos verá… créeme. Ni siquiera esos vecinos chismosos a los que temes tanto.
Cerré mi boca. Sentía mis mejillas a punto de estallar y reprimí mis ojos.
Estaba frita.
—Señor… nunca quise ofenderlo… yo solo, necesitaba el trabajo… las empresas aquí buscan una persona con experiencia, y siquiera le dan la oportunidad de hacer algo… nunca al menos leyeron mi hoja de vida…
Mi jefe chasqueó la lengua asintiendo.
—Concuerdo contigo… son unos reales hijos de put@… pero agradezco que no te hayan contratado. Déjame decirte algo… —él se tomó el tiempo—. Hay personas que se las dan de muy dignos, y no se quieren ensuciar con mi dinero… pero ¿dime una cosa, Anastasia? ¿Te sientes sucia conmigo?
Sus ojos se posicionaron en los míos y esta vez no parpadeé. Sentí una fuerte corriente dentro de mi sistema, mientras una sensación muy caliente subió desde mis pies, hasta mi garganta.
Entonces negué con sinceridad.
—No señor… —Alexey Kozlov me mostró su sonrisa más genuina asintiendo ante mi respuesta, y luego me di cuenta de que nos habíamos estacionado en la esquina de la parada de bus.
Y tuve que apretar mi boca.
—¿Cuál es tu casa?
Lo miré apenada.
—¿Es otra mentira? —afirmé—. ¡Vaya!… sí que eres pecadora.
—Señor, por favor…
—Vale… dile a mi conductor la dirección real…
Casi titilé cuando se la dicté, y en ese instante tanto Luka como los demás, autos, desaparecieron en un momento dado.
Y para cuando mi casa se hizo visible, hice lo que jamás me permití en la vida.
Toqué el brazo de mi jefe.
—Señor, por favor… no le diga la verdad a mi padre… ellos… no están de acuerdo con su forma de vida… y no somos quién para decir algo, pero… Yo… por favor…

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