Anastasia.
Por un momento todo se paralizó en mi cuerpo, y mis ojos fueron directamente a él. Mi mirada le dijo en son de súplica que no continuara. Él no tenía idea de lo que podía dañar si decía la verdad, y si no estaba mostrando desespero ahora, mi imagen frente a mi familia, estaría completamente arruinada.
Entonces di dos pasos, y lo pronuncié, pese a mi padre, a mamá y a la misma Irina que estaba a mi lado.
—Señor… por favor…
El jefe me devolvió la mirada por unos segundos, una que me hizo cerrar la boca, pero de inmediato vi cómo la quitó para observar a mis padres y hablar:
—No pude dejar de venir aquí… para decirles que Anastasia es la empleada del mes… nunca hemos tenido a alguien tan eficiente… —parpadeé muchas veces con el corazón en la garganta mientras mi madre se giró hacia mí para ofrecerme una sonrisa.
—¿Solo eso? —mi padre intervino, y mamá le pegó un codazo.
—No, por supuesto que no…
—Señor… —traté, pero él levantó la palma mientras papá fruncía más el ceño.
—Primero… Su pierogi es exquisito… —el jefe señaló a mamá, mientras ella se sentaba en el otro sofá frente a él como una adolescente enamorada.
—¿Le ha gustado?
—Me ha encantado…
—Pues ya está, también haré uno salado para usted… ¿Qué le parece? —Mi jefe abrió los brazos como si lo supiera.
—Lo estaré esperando… nuestra Ani puede llevarlo de sorpresa para su jefe una vez más… —y todos hicieron silencio ante su comentario pesado. Y como cosa de él, sonrió y luego relamió sus labios—. Es broma… ¿O no?
Mamá miró a papá que tenía una vena pronunciada en la frente, y yo tuve que entrelazar mis dedos con él.
—Señor… recuerde de su reunión… —mentí de nuevo, y el jefe torció su boca con cinismo.
—No te preocupes, llegaré a tiempo… a tan importante reunión.
—Usted perdone que sea un poco tosco… —y papá ya no lo resistió más. Se hizo sentir—. Pero no estamos acostumbrados a esto. Somos una familia decente, con muchos principios, y con una fe que nos ha mantenido constantes… que un jefe vaya a la casa de sus empleados… es muy extraño…
Mi madre trató de tomarle el brazo, pero papá no se dejó.
—¿Entonces, señor Roberto? —el señor Kozlov hizo como si se quisiese reír, cuando escuchó su nombre falso, mientras yo quería gritar.
—Bueno… Anastasia es mi asistente… ¿Pueden imaginarlo? Mi asistente financiera personal…
Él agravaba más la situación.
—Sin embargo… está calificada para mucho más, y he enviado hacer un contrato indefinido… —él sacó su móvil—. Si su hija lo firma, ella ya no tendrá que estar más a prueba y tendrá un contrato fijo en… la mejor empresa de Rusia…
Esto último, lo dijo mirándome a los ojos, mientras el sonido de la impresión de mi madre, más los ojos de mi padre en mí, me hicieron sentir pequeña.
—¡Oh, Dios! Esto es un sueño, Ana… —mamá casi lloró mientras yo negaba todas las veces.
—Ella lo firmará… claro que si… —mis ojos se abrieron mirando a mi padre y su innegable emoción.
—Papá…
—Ella acepta… —papá apuntó a mi jefe, y le asomó una mano, como si le estuviera diciendo que ahora era de su confianza y que estaban cerrando un trato.
—No… esperen…
Alexey le tomó la mano a mi padre con rapidez, y la apretó.
—Hecho… —todos nos vimos interrumpidos por los aplausos de Irina, y luego escuché cuando mi madre le dijo al jefe que le traería café.
Entonces me dejé caer en el sofá, mientras miraba la mano de mi padre, encima del hombre, que él no sabía que aborrecía.

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