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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 17

Alexey Kozlov.

—Señor… ella está dentro… —golpeteé mis dedos contra el pasamanos del auto y asentí hacia Luka.

—Nadie puede entrar a este lugar después de mí…

—Hecho, señor… no se preocupe.

Tomé el aire, recosté la cabeza al asiento y cerré los ojos.

—Solo… necesitas control con ella… —me lo repetí varias veces, porque me estaba siendo bastante difícil que el ardor no me quemara.

Esta chica era algo raro que no podía descifrar con facilidad, eso sin sumar cuando miraba sus ojos, parecía como si uno se fuese a perder en ellos. Tampoco podía dejar de mirar su cuerpo desnudo detrás de su ropa de vieja, y el hecho en que su nerviosismo se formara frente a mí todo el tiempo, me tenía absolutamente desquiciado.

Froté mis manos.

No sabía qué mierd@s hacía a estas alturas, porque podía estarme follando a cualquiera, pero necesitaba que ella se quedara cerca.

De alguna forma me perturbaba que alguien pudiera descubrir su inocencia extrema, de alguna manera me desquiciaba que alguien quisiera aprovecharse de eso. Y sobre todo de tenerlo o poseerlo.

Mi viaje a Suecia sería en unos días, utilizaría el tiempo en que estaría allá para despejar mi mente, y sobre todo para culminar unos negocios pendientes. Esto me haría recapacitar, y de alguna manera dejar a esa niña en paz.

Bajé del auto acomodando mi chaqueta, y apagué mi móvil para meterlo en mi bolsillo.

Estaba caminando seguro y a paso firme, de hecho, estaba preparando mi mejor rostro para mirarla, cuando de golpe, tuve que detenerme.

Una vez, en una pelea callejera, sentí cómo alguien golpeó mi garganta, y perdí el aire por unos segundos, incluso me hizo toser, pero esto era peor.

Su cabello castaño estaba suelto. Eran una manta que caía hasta su cintura, mientras ella, de pie mirando en otra dirección, se tronaba los dedos.

Mis palmas picaron mucho, y sentí la necesidad de tomar litros de agua.

Esto era una maldición incoherente.

—Anastasia… —mi asistente virgen se giró de golpe, como si mi voz hubiese activado su cuerpo, y también sus sentidos.

Sus mejillas se volvieron rojas y vi como su boca se apretó, y juro que tuve que apretar mi puño.

Había asesinado a sangre fría muchas veces, era un maldit* mafioso que no se incomodaba por nada, y que de alguna forma le hacía cara irónica a la muerte, pero ese rostro totalmente angelical, me dejaba sin ninguna respuesta.

¿Cómo un hombre retorcido como yo, podía incluso mirarla?

Iba a dañarla, ella, no encajaba en estas manos sucias.

Yo había venido a firmar el put* contrato, a satisfacer mi deseo de verla y tenerla cerca, y de cierta forma asegurarla en mis empresas. Pero el hecho de que ella hubiese venido con su cabello suelto, mandó toda mi cordura a la mierd@.

Y solo sonreí y caminé para acortar nuestra distancia.

No me detuve cuando tomé sus mejillas encendidas, y deposité un beso en la comisura de su boca.

Eso me encendió enseguida también.

—Señor… —la guie sin responder hacia la mesa, e hice que se sentara en el sofá doble, para venir a su lado.

—Tu cabello… —mis dedos se deslizaron por él, mientras vi cómo ella se puso alerta—. Está suelto…

Negó todas las veces.

—Estaba mojado… yo… siento no parecer profesional…

—Te ves hermosa… —me acerqué a ella pese a que quiso retirarse hacia atrás, pero puse mi mano en su nuca—. No quieres parecer profesional… pero ¿sabes que es lo peor, princesa…? Que soy el primer hombre a quien le muestras tu cabello… y no sabes lo que eso me provoca…

Cerré los ojos aspirando su aroma, y no me retiré, aunque ella estaba temblando entera.

—Es muy jodido lo que haces, Anastasia…

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