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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 18

Anastasia.

Sentí que mi tímpano se agudizó cuando escuché al jefe muy cerca de mí. Lo correcto y prudente es que me levantara de este sillón, y me fuera de este lugar.

Había alertas, grandes y rojas, mi mente me estaba diciendo en este momento que me detuviera, y que era ahora cuando debía escapar de esta situación.

Que era ahora, o nunca. Pero la sensación que me atrapaba, la forma en cómo me sentía, era inexplicable…

Sentí que este cuadrado en el que vivía siempre, se estaba rompiendo, y por sus brechas entraba un aire que aumentaba mi adrenalina, una que se parecía a la felicidad de cuando obtuve la realización de mis metas escolares, pero era multiplicada por diez mil, sumado al límite de lo prohibido.

Una situación que se esparcía por todo mi sistema, algo muy nuevo, y muy codiciable…

De lo que siempre me recriminé, de todo lo que me dijeron que estaba mal.

“Corromperte”, la palabra se gritó en mi cabeza, y la garganta se me secó entera.

Me eché para atrás un poco, y solo pude sentir la respiración del señor Kozlov estrellarse por todo mi rostro. Su aliento era delicioso, mientras su perfume se impregnaba incluso en mis poros.

—¿Cuántos años tienes? —bajé la mirada a su boca, y sentí las gotas que salían de la mía. Como si mi boca se preparara para alguna comida, o algo que me activara las glándulas.

Entonces miré sus ojos.

—21… —Él soltó el aire ante mi respuesta.

—Te llevo una vida…

El jefe se apartó un poco tomando su vaso de vidrio y dio un trago. Y en medio del silencio, tuve mucha curiosidad por preguntar:

—¿Cuántos años tiene usted? —su sonrisa amplia me dijo que estaba disfrutando esto, y por un momento me agradó.

—35…

Parpadeé muchas veces y bajé la mirada, la diferencia era significativa, y luego me fijé en su mano que también tenía algunos dibujos en tinta.

—¿Puedo…? —me frené.

—¿Qué?

—¿Puedo preguntar por qué? ¿Por qué quiere darme un contrato tan beneficioso? Quiero decir, usted no me conoce… no hay una sola cláusula que me imponga… he leído miles de contratos, y aquí siempre gano… ¿Por qué? ¿Por qué hace esto por mí?

El señor Kozlov chasqueó la lengua y luego tomó la copa de frutas que habían traído para mí.

—Primero… pruébala…

Negué.

—Señor, no… de verdad…

—Hazlo por mí… —nuestros ojos se encontraron en el momento, y luego, con mis manos sudadas y temblorosas, recibí la copa.

Pasé un trago pesado primero, y luego la junté a mis labios, di un pequeño sorbo, uno diminuto, reprimiendo mis ojos, pero el sabor que se impregnó en mi boca, no fue de mal gusto ni me desagradó.

Sabía a frutas, dulce y un poco de amargo. Pero sabía bien…

Di otro trago más largo que refrescó mi garganta, y un tercero para dejarla en la mesa.

—¿Cómo está? —preguntó lento.

—Creo que… sabe bien… —el señor Kozlov me sonrió ampliamente, y luego tomó mi barbilla para decir:

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