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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 19

Anastasia.

—Cariño… ¿Estás bien? Has estado muy callada… —levanté la mirada para ver los seis pares de ojos, que me observaban de forma fija.

Papá, mamá e Irina. Entonces afirmé.

—Es el trabajo… tengo mucho, gracias a Dios, pero… las distancias me están costando un poco…

Papá arrugó el ceño, y mamá se apresuró a preguntar:

—Tal vez puedas comprarte un auto… uno económico…

—No… es inseguro para la niña… —papá refutó, y mi mente solo me acusaba.

—El jefe… cree que soy una pieza muy importante para su empresa, y que también necesito un chofer…

Mamá sonrió junto a Irina, pero papá tenía esa mirada rayada de duda.

—¿Entonces? —preguntó mientras mi corazón se aceleró.

—Creo que… tengo que buscar un piso cerca al edificio… cerca de la empresa… siempre nos toma unos cuarenta minutos o más…

Pude escuchar la agitación de sus respiraciones. Mis manos sudadas movían los dedos por debajo de la mesa, y luego escuché a papá:

—Ana… esas chicas libertinas siempre buscan un piso lejos de sus padres para hacer sus cosas a escondidas… viven una doble vida, y después ¿Qué pasa? Saltan de hombre en hombre, y luego…

Mamá le puso una mano encima de la de él y negó. Sobre todo, porque Irina estaba cerca.

—Nuestra Anastasia no es así… y ella no está buscando un piso para librarse de nosotros… o para hacer cosas a escondidas… —quise llorar ante la angustia y la culpa.

Entonces pasé un trago.

—Pero Denis… —papá continuó sin estar de acuerdo.

—Ella tiene un trabajo prestigioso —mi madre dijo firme—. Y nunca, en sus veintiún años, nos ha dado ni una molestia… ¿Por qué deberíamos desconfiar de ella ahora?

Papá parpadeó varias veces y luego soltó el aire.

—Tienes razón… Ana es correcta… y jamás nos defraudaría.

Cerré mis ojos apretándolos y negué en mi mente.

—¿Cuándo quieres mudarte? Podemos acompañarte y así llevar a pasear un rato a Irina.

Afirmé.

—Claro… Ammm, el jefe me lo ha pedido lo más pronto posible…

Y esa era una mentira enorme, él ni siquiera sabía que iba a hacer esto. Todo estaba en mi alma que se estaba oscureciendo, pero por nada del mundo quería manchar el honor de mi familia, y yo ya había firmado ese contrato.

Había aceptado una relación pecaminosa con ese hombre, y no quería que la gente del barrio hablara de mis padres por mi causa.

El lodo, ya estaba en mis rodillas, y llegaría un momento en que no podría salir de ello.

—Bueno… entonces, te apoyamos mi pequeña…

Sonreí hacia mi madre, y luego me levanté enseguida. Tuve que abrazarla, pero luego escuché que Irina comentó.

—Él te protegerá de todos… —todos nos giramos hacia ella, y yo arrugué el ceño.

—¿Quién?

Irina miró a papá y alzó los hombros sin dar una respuesta, pero recordé aquellas palabras que mi jefe le había dicho en susurro.

Había planificado que me mudaría al centro de Moscú en tres días, aunque aún no se lo había dicho al jefe, sin embargo, ahora mismo acostada, mirando al techo, no podía dejar de pensar en ese beso, en sus dedos recorriendo mi cara, y en su aliento estrellándose con mi piel.

Podía recordar cada palabra, la forma en que sus ojos me miraban, y por muchas veces me preguntaba, ¿Por qué a mí?

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