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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 20

Anastasia.

Tuve que intervenir varias veces en la negociación que estábamos haciendo por la mañana, pero fue bastante difícil mantener la compostura, cuando debajo de la mesa, mi mano era sujetada por él.

Su pulgar acariciaba mi dorso, y muy de vez en cuando, rozaba sus piernas con las mías. Y creía que lo hacía adrede por su sonrisa fuera de contexto.

Al finalizar, creo que mi jefe no debía comprar dichas acciones, las cifras en cuanto a la ganancia eran mínimas con respecto a lo que iba a invertir, y yo debía decirle eso en algún momento.

—¿Entonces? ¿Hacemos un trato? —el hombre frente a nosotros preguntó, pero el jefe me observó.

—¿Qué dices? ¿Las compramos?

Lo miré pensando y haciéndome ideas en cómo me involucraba, pero sacudí mi cabeza y le dije:

—Señor… ¿Podemos tener unos segundos?

—No… —él respondió rápido—. Dime las cosas aquí mismo…

Y miré al hombre frente a mí con vergüenza. No quería ponerlo en vergüenza.

—Yo… las acciones son buenas, y…

—¿Las compro o no señorita, Ivanova? —la pregunta del jefe fue ruda.

—No, señor… la inversión no compensaría la ganancia…

Entonces él me sonrió ampliamente y asintió.

—Perfecto… entonces… no las compramos.

El hombre, delante de mí, abrió los ojos, e intentó decir algo, pero el señor Kozlov ya se estaba colocando de pie.

—Adiós… —él puso la mano en mi espalda, y me instó a que caminara—. Qué pérdida de tiempo… creo que la próxima, no vendré a estas reuniones… ¿Crees que será buena idea un CEO?

Tuve que detenerme.

—¿Un CEO?

—Si… esto no es lo mío… el traje, los abogados… —sonrió con picardía—. Me gustan más las armas, los negocios complicados, el oro, las minas… el peligro…

Apreté mi boca y luego negué.

—Puede ser, pero debe ser un CEO que cree una empresa legal… puede que no tenga tantos problemas fiscales… y su nombre no estará involucrado…

No sé por qué lo dije de forma tan rápida, de hecho, no debí decirlo, solo lo estaba absolviendo de sus crímenes.

—Me encanta la idea… ¿Puedes ser tú?

Casi me atraganto.

—¿Qué?

—Vamos al auto… podemos hablar con más privacidad en otro lugar…

Asentí teniendo un poco de miedo, de cierto modo cada vez que pasaba con este hombre, me iba convirtiendo en otra persona. Incluso le había dado una idea para escurrirse de sus pecados legales aquí en la tierra.

En cuestión de unos veinte minutos, estuvimos en un edificio elegante, y los hombres se quedaron atrás, mientras el jefe se metió en un ascensor, solo conmigo.

Su mirada era traviesa, esperando mi reacción, pero no dije nada, siquiera lo miré, hasta que una amplia suite, se visualizó frente a mis ojos.

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