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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 23

—Parece un sitio tranquilo… —mi madre comentó cuando llegamos a una especie de residencia.

Estaba aterrada con esa mirada rayada de mi padre, y eso que Alexey no había aparecido hasta ahora, sin embargo, aquí estaba Luka, que se apresuró a abrir una casa de dos pisos mientras cerré mis ojos.

¿Por qué Alexey no me había hecho caso, y había optado por algo más simple?

Ni siquiera iba a vivir aquí de todas formas.

—¿No es muy grande para ti? ¿Cuánto costará? —Irina se despegó de mi mano para correr por el jardín, y Luka me dio un asentimiento para que pudiéramos entrar a la casa.

—Papá… esta residencia tiene cierto convenio con la empresa… ¿Verdad, señor Luka?

Luka me miró, y luego asintió.

—Si… de hecho… yo vivo en la esquina… —él señaló—. Con mi esposa e hijos… es una zona muy familiar… además de que la empresa nos da un descuento.

Miré a mi padre que de alguna forma liberó sus hombros, y luego me giré a Luka.

Él no tenía ni esposa, ni hijos, era el trabajo sucio de Alexey, y por lo que escuché, un espía retirado. Pero le agradecí de alguna manera.

Nos habíamos convertido en una red de mentiras, y yo era la autora principal.

Irina corrió por toda la casa, y mamá comprobó que tanto polvo había en cada encimera. Papá inspeccionó las llaves, mientras yo miraba de vez en cuanto a Luka, y apretaba las manos como si con eso, podía apurar el tiempo. Deseaba que se fueran cuanto antes.

—Ani… ¿Crees que pueda venir algunos fines de semana? —me agaché con una sonrisa, colocando el cabello de mi hermana, medio amarillo detrás de la oreja.

—Claro que si… pero llámame antes… puede que esté ocupada, así que trataré de hacer un espacio…

—¿Crees que podamos pasear con tu jefe? —y mi sonrisa se borró.

—¿Qué dices? —papá intervino, y me levanté para tomar los hombros de Irina.

—Pá… ella solo es una niña… no sabe muy bien las cosas…

—Debe saberlas… es un comportamiento inapropiado. No puede darle su confianza a todo el mundo, y tu jefe debe obtener tu respeto y el de tu familia… Por cierto, Ana… ¿Ese jefe tuyo está casado? ¿Tiene hijos?

—No… —la voz de Alexey llegó a los oídos de todos, y mi cuerpo se tensionó enseguida—. Pero tengo una hermosa novia… Es bellísima…

Mi cuerpo se puso en tensión cuando todos se reunieron en torno a él y yo me quedé atrás mirándolo fijamente.

Su traje era un disfraz para mis padres, por supuesto, pero era una de las facetas que más me gustaba. Incluso en medio de sus muñecas, podían sobresalir los tatuajes.

Me pregunto si papá ya lo había notado.

Irina se despegó de mí, y Alexey le sonrió para ofrecerle su mano, que ella inmediatamente aceptó.

—¿Cómo está la princesa, Irina? —ella le sonrió asintiendo.

Parecía enamorada de él.

—Estoy bien… —papá se incomodó un poco, y supe que, en unas horas, Irina sería reprendida en un regaño en casa por esto, pero a ella no pareció importarle cuando incluso le sonrió a mi jefe, y se dejó acariciar el cabello.

Yo ya había pasado lo mismo en mi niñez, incluso a mí ni siquiera me dejaban hablar frente a un adulto.

—¿Cómo están? —Alexey se dirigió a mis padres, y luego me miró a mí con su intensidad acostumbrada.

Me pregunté qué clase de poder surgía de él para solo con su presencia mortificarme la vida, y aunque no era normal en mí, deseé al menos tocar su mano.

Como si fuese una necesidad básica.

Mi madre fue la primera en sonreírle para saludarle, y le comentó lo bonita de la casa, mientras papá escuchaba en silencio.

—¿Se quedan tranquilos con la señorita Ivanova en esta residencia?

—Claro que si… y confiamos en ella… ¿Sabe…? —mi mamá se acercó confiada—. Usted ha sido una bendición para mi hija…

Apreté la boca y bajé la mirada.

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