Anastasia.
Sé que Alexey me había pedido un esfuerzo, y juro que estaba haciendo algo por verme diferente.
Conseguí una falda larga hasta los tobillos de flores, me calcé mis pies en unas sandalias bajas, y me puse una blusa de seda color crema, que tenía mangas cortas. Esto era lo más descubierta que podía parecer. Y dejé algunos de los botones del cuello, entre abiertos.
Dejé mi cabello suelto, y esta vez después de colocar mis gafas, puse un brillo de labios que era el único maquillaje que tenía, y me coloqué perfume en el cuello.
Era innegable que sentía mucho miedo, y bajando por el ascensor junto a algunos hombres de Alexey, recordé como mi padre siempre me habló que la virginidad, debía guardarla para mi esposo.
Se me salían las cuentas de cuantas veces citó algunas líneas del libro de las instrucciones, o como me llevó a varios campamentos de jóvenes, donde pasamos horas hablando de la sexualidad y la conclusión de como preservar nuestras virtudes.
Y aquí yo iba solita a entregarme a un hombre, que estaba segura no era lo que mis padres quisieron para mí.
Y, de hecho, ni siquiera lo que yo misma hubiese elegido en mis cinco sentidos, o simplemente usando la razón.
¿Podía cambiar de idea o de decisión ahora? Sentía que ya no, Alexey se había metido en mis entrañas, y estaba como una colegiala, enamorada de su primer amor.
Nadie podía hacerme desistir.
Alguien abrió la puerta para mí, y me senté recta, en medio del camino se me nublaron los ojos, mientras los pinchazos venían a mi estomago de forma cruel.
Nunca había estado tan nerviosa en mi vida, pero a la vez tan llena de adrenalina que juro que, si saltara, podía volar de toda la energía acumulada en mi sistema.
Los minutos pasaron volando cuando me encontré en la mansión, y fue exactamente Luka quien me condujo al interior de esta. Incluso se detuvo, y lo hizo también conmigo cuando escuchamos que Alexey estaba en una llamada, y su tono de voz era demasiado amargo.
—¡Me importa un carajo! ¿Quieres pelear? Entonces lucharemos… —me quedé quieta, pero de un momento a otro, él se giró.
Sus ojos me recorrieron entera mientras mi agitación era evidente.
Sin decir una palabra el jefe canceló la llamada, y lanzó el móvil en un sofá cerca. Él lo intentó, su rostro se transformó enseguida, y vino en zancadas largas hacia mí.
—Vete… —su orden fue dirigida a Luka, y antes de que pudiera saludarlo, su cuerpo me abrazó en un impacto duro, y su boca tomó la mía, enseguida, como si descargara su frustración.
Esta vez lo abracé por debajo de sus brazos, mis ojos se cerraron y me entregué a su beso apasionado, estaba a punto de quedarme sin aire cuando él separó su boca, y comenzó a morder la mía.
—Me encanta como te ves… —y eso fue para mí como la gloria.
Sonreí con naturalidad.
—Gracias… —me miré a mí misma—. Es lo que mejor encontré…
—Preciosa… —él sonrió dando un beso a mi nariz, pero luego la situación se puso espesa.
Su boca bajó a mi cuello succionando, y luego su lengua recorrió mi piel de forma, seductora.
—Alex… —no sé por qué lo llamé de esta forma, pero salió de mí con naturalidad, y luego tuve que abrir mis ojos cuando sentí los de Alexey que se clavaron en mí.
—¿Quieres matarme no es asi? Pues lo estás logrando… —sus grandes brazos alzaron mi cuerpo, y luego enredaron mis piernas en su torso.
Yo tuve que tenerme de sus hombros mirándolo sin despegarme de él.
Sus piernas caminaron un poco, y luego entramos a una habitación, que era como la suite entera.

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