Anastasia.
El silencio que siguió a continuación, le dio un pitido a mis oídos, y pude ver que su mirada brillante, había cambiado de repente.
Sus ojos se pusieron algo rojos, y sentí como su respiración, aumentó.
Sin decir una palabra trabajó en los botones de su cuello, y sin apartar sus ojos de los míos, se desnudó de forma lenta, mientras yo pasaba los tragos gruesos.
Sus piernas eran muy tonificadas y musculosas, su torso firme, y sus brazos abultados, envueltos en los dibujos que lo hacían ver aún más oscuro. Mi mirada bajó a su bóxer, que tenía una evidente erección, y que incluso salía de su interior.
Por supuesto que había estudiado anatomía, pero en la vida había visto un miembro, y mucho menos así.
—Y yo espero, Anastasia… que siempre lo hagas, y que sea el único que ames en toda tu vida… —todo mi cuerpo fue envuelto por él en el instante.
Sus brazos lo alzaron y luego me depositó en la cama, mientras todo mi cabello se explayó. El tacto de las sábanas debajo de mí estaba en otro nivel, y sin más, Alexey comenzó a besar mi cuerpo de forma tal, que no pude evitar los jadeos.
La emoción, los nervios, la adrenalina y la expectativa, todo estaba entremezclado.
Él tomó su tiempo en succionar cada parte, como si quisiera saborear cada centímetro de esta, su respiración se esparcía por todo mi cuerpo, mientras él sabía cómo y dónde acariciar, y de qué forma.
El hombre hacía de esto un arte, era experto en la materia de seducción, y de cómo tratar a una mujer; estaba segura de que no existía otra persona, por más que tuviese cero experiencias, que pudiera superar este momento.
Alexey volvió a besar mi centro, y tomó su tiempo demostrando mucha posesividad en cada acto suyo.
Tampoco pude evitar sonrojarme ante sus formas, él escupió varias veces mi parte íntima, e introdujo sus dedos tratando de que me adaptara a él, incluso cuando el placer pudo tener dolor de por medio.
Y, en conclusión, podía deducir que había estudiado cada fibra de mí.
En un intento de tratar de acoplarse a mí, sentí un leve ardor en mi centro, y luego noté avergonzada, como él sacó los dedos con un poco de sangre en ellos.
Y a continuación, me aterré cuando los llevó a su boca con total fascinación.
—No… —la vergüenza me empañó entera, pero él se apresuró a venir a mi boca, y me besó.
Como si quisiera compartir esta perturbación conmigo.
Su beso fue ansioso, estaba temblando hasta la médula ante la locura que acababa de hacer, y luego tomó mi mejilla para decirme con su boca pegada a la mía:
—No sabes lo que significa tu pureza para mí… ¿Te sientes sucia por lo que acabo de hacer? Pues déjame decirte que es lo más rico que he probado en la vida… —él me separó las piernas y luego tomó mi mano—. Tómalo…
Mi temblor era absurdo, e incluso él me guio para tomar su miembro mientras mis ojos se reprimieron.
El tacto fue agradable, pero literalmente él hervía en mi mano.

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