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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 30

Anastasia.

Convulsioné…

Era la única forma de que mis padres, los peligros que se estaban creando, y el que me llamaban afuera, pasaran a un segundo plano.

El hecho es que este hombre me inyectaba un tipo de alucinógeno que me volvía otra persona, y me sacaba de mi forma. Estaba en la cima cuando los brazos de Alexey me envolvieron, con todo y las tablas rotas de mi cama debajo de nosotros.

Y era imposible, que pensara en otra cosa en los próximos segundos.

—Qué rico… —lo escuché susurrar en mi oído, pero mi cuerpo estaba terminando de recibir los golpes del éxtasis que me tomó y me mató al mismo tiempo.

—¡Ana! La puerta está cerrada… ¡Ana! —el forcejeo de la puerta con papá detrás de ella, me hizo abrir los ojos, y miré a Alex que sonreía de oreja a oreja.

—Podemos enfrentarlos juntos… nada va a pasar… ni siquiera tus padres pueden hacerle algo a la mujer del mafioso… —él dijo, pero negué todas las veces mientras la razón volvía poco a poco a mi mente.

Alexey no conocía a mis padres, y no tenía idea de lo que esto pudiera provocarles a ellos.

—No… no… por favor… —le tapé la boca.

—¡Ana! ¡Tiraré la puerta! —me levanté de golpe, pero esto era un desastre. Casi me caigo encima de las tablas si no es porque Alexey me sostiene.

Ambos estábamos completamente desnudos, su ropa estaba tirada en el suelo, y no tenía idea de lo que podía hacer para salir de esto, y su idea era un gran NO.

—¡Pá! —grité—. Ya te abro… yo…

Me puse el pijama mientras un líquido se escurrió dentro de mis piernas, mis mejillas se volvieron rojas, y luché por colocarme la camiseta de dormir.

Sé que Alexey me iba a odiar más de lo que lo estaba haciendo, pero tomé su ropa, y lo metí junto a ella en el closet.

—Estás bien loca si crees que me quedaré aquí… —su mirada se puso negra, y pasé un trago.

—Por favor… te lo suplico…

Él tomó mi rostro con agilidad y mordió mi boca.

—Esto te pasa por apartarme de ti…

—Aprendí la lección… lo juro…

Alexey me besó un poco más, mientras mi padre me pedía que me apurara.

—Me meteré en este closet, si te vas conmigo después de que tus padres se vayan a dormir de nuevo…

Y abrí mis ojos. Sin embargo, no tenía opciones.

—Está bien… Me iré contigo… ahora mismo que me deshaga de mis padres… me iré contigo… —lo empujé rápidamente, pero él tomó mi nuca y me besó con fuerza. Y tuve que usar todo de mí para despegarlo, y cerrar el closet para ir corriendo hacia la puerta y quitar el seguro.

Papá tenía cara de fantasma, mientras mi madre sostenía su bata con mucha preocupación en su rostro.

Ambos miraron hacia dentro y encendieron la luz, entre tanto yo solo podía ver las sábanas revueltas, y una manchita mínima de sangre.

Entonces corrí, hice que recogía, pero envolví la sábana nada más.

—No sé cómo ocurrió…

—¿Está muy vieja? Esta es la cama de tu tía Aranza… —oprimí las sábanas en mi pecho escuchando a mamá, y papá solo rayaba su mirada.

—Tal vez estaba podrida la madera… —él tomó algunas tablas destruidas y negó—. ¿Acaso brincaste? ¿No estabas dormida?

Mis labios temblaron intentando decir algo.

—Yo… me levanté al baño… y a lo que regresé… fui algo brusca… me tiré en la cama, y allí se desplomó todo…

Papá achicó los ojos.

—¿Entonces por qué demoraste en abrir? Pensé que estabas saliendo de tu letargo del sueño… se supone…

—Igor… —en el momento mamá intervino, y luego apareció Irina rascando sus ojos.

Solo pude dar gracias a Dios, aunque no lo merecía.

—¿Tuvieron pesadillas? —todos nos giramos a ella mientras le vi un puchero en su boca—. Yo si tuve una…

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