Anastasia.
Habían pasado algunas horas, y no habíamos dormido en toda la noche.
Podía ver la hora que marcaban las cuatro de la madrugada, y, a decir verdad, no tenía nada de sueño.
Yacía desnuda en esta gran cama en la mansión de Alexey, mientras él con sus dedos acariciaba mi vientre, y me explicaba el medio de su protección sexual, que solo lo pensé cuando, una y otra vez, terminaba dentro de mí.
—Cuando supe que iba a estar contigo… dije… ¡No puede haber un maldito condón de por medio…! —él sonrió besando mi ombligo—. Así que… lo planifiqué… y me aplicaron unas inyecciones efectivas…
Mi ceño se frunció.
—¿Tú…? —tenía un poco de miedo en preguntar—. ¿Haces esto cada vez que tienes una relación?
Su mirada se puso un poco intensa, y su boca se frunció.
Entonces vino hacia mi rostro.
—Me gusta la exclusividad cuando tengo una relación… pero uso preservativo… solo que…
—¿Solo qué? —insistí.
—Eres la primera virgen con la que estoy… —mis ojos se abrieron un poco, e intenté sentarme, recostándome al respaldar de cuero.
—¿De verdad? —Alexey chasqueó la lengua.
—¿Qué piensas? ¿Qué las chicas de la iglesia, están esperando por mí?
Mis mejillas se pusieron rojas y agaché la mirada, pero él tomó mi mandíbula.
—He tenido experiencias que me han enseñado, Ani… me gusta cuidarme en el sexo… pero no podía darte una primera vez con un plástico de por medio… yo… —Alexey se acercó a mi boca—. Necesitaba incluso sentir todo lo que me ibas a darme… tus líquidos… tu sangre virginal… todo es un privilegio para mí.
Recibí su beso apasionado y luego abracé sus costillas.
No sé cuánto tiempo demoré con los ojos cerrados, pero no quería que este momento se acabara.
—¿Cuánto tiempo vas a estar en Suecia? —hubo un silencio prolongado y luego escuché cómo soltó la respiración.
—No lo sé aún… sin embargo, quiero solucionar un asunto, puede que dos semanas, como mucho tres…
Era mucho.
—¿Un negocio? —quité mi cara y la alcé para mirarlo.
Entonces Alexey negó.
—Es personal… pero… —tomando mi rostro, lo acarició lento—. Te contaré en detalle cuando regrese… ¿De acuerdo? Te contaré todo…
Asentí lentamente, y me quedé mirando sus ojos por largo rato.
—¿Crees que, esto pueda lastimarme en algún momento? —no sé por qué sentía cierta ansiedad.
—¿Lo que voy a decirte? —preguntó confuso, y asentí—. No tiene por qué… es algo de mi pasado… y no tiene nada que ver contigo…

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