Anastasia.
Necesitaba controlar mi respiración porque en otros tiempos, esto no me hubiese espantado a tal modo.
Dimitri era un líder de la iglesia, hijo de una familia respetable, y al que en un pasado mi madre me mencionó como mi posible esposo.
Eso ya lo sabía.
Sé que para mucha gente esto podría ser una estupidez, pero era nuestra forma de vida, todos los matrimonios quedaban en una misma organización religiosa, por eso del tema del yugo desigual, que, de alguna forma, guardaría nuestra generación.
Pero yo ya la había corrompido, era bastante evidente que no había pensado en esto en lo absoluto.
Quité la mirada de Irina, y la llevé a mi padre. Si no supiera que querían lo mejor para mí, estaría muy enojada. Sin embargo, en algún tiempo como familia habíamos hablado de este momento, pero en medio de todo lo que estaba pasando nuevo en mi vida, lo había olvidado por completo.
—Cariño… Dimitri y su familia… —me dije a mí misma que iba a mantener el control cuando mamá me señaló.
—Buenas noches… —sonreí hacia ellos, y vi a Dimitri levantarse para entregarme un ramo de flores blancas.
—Buenas noches, Anastasia… te ves muy linda… —asentí recibiendo el ramo, lo que menos quería, era ser grosera con esta familia que había compartido desde años con la nuestra.
Dimitri tenía unos 26 años. Era un poco delgado, y no tenía nada de barba. Su piel era blanca y sus ojos un poco verdes.
Saludé a su familia por educación, y luego me senté en el círculo para observar el arco de flores que me pareció innecesario.
—¡Oye Ana!, te felicitamos… tus padres nos han comentado que eres exitosa… solo que no te hemos visto en unas ocho semanas…
Asentí hacia la madre de Dimitri, pero antes de decir algo, y excusarme que era por el trabajo, ella prosiguió.
—¿Te han dicho que Dimitri también tiene un trabajo fijo…? —Miré a Dimitri que estaba un poco avergonzado porque su madre hablara por él y negué.
—No señora… no lo sabía…
—Pues es el gerente electrónico de una tienda reconocida…
Parpadeé varias veces pasando un trago y sonreí.
—¡Qué bueno…! —y mirándolo a él le dije—. Me alegro Dimitri…
—Gracias, Ana…
—Bueno… vamos al grano… —Mi padre intervino—. Creo que todos sabemos por qué estamos aquí…
Mi cuerpo se tensó.
—Desde que ustedes eran chicos… supimos en algún momento, que este día llegaría… dos personas que hemos educado con nuestro esfuerzo y la fe que nos mantiene siempre unidos… sé que la última palabra la tienen ustedes… pero hoy como padres, y como las personas que desean un bien para sus hijos… queremos proponer este encuentro con el fin de que se conozcan un poco… y nos alegren con una buena noticia en el futuro…
Mis manos sudaban en este punto, no quería mirar a Dimitri, de alguna forma le guardaba cierto respeto porque era un hombre que había dado una imagen impecable a lo largo de nuestras vidas.
Así que mis ojos se posicionaron en Irina, y noté como ella fue a abrir la boca.
Entonces me levanté de golpe, no podía dejar que diera alguna cosa, de esas que se le ocurrían con frecuencia.
—¿Pueden darme un momento? —Dimitri se levantó como un caballero.
—Por supuesto… ¿Te sientes bien? —preguntó preocupado, pero afirmé.
—Sí, gracias… ¿Irina? ¿Puedes acompañarme al baño…?
Mamá y papá fruncieron el ceño, pero tomé la mano de mi hermana y la saqué de ese lugar. A medida que nos fuimos alejando papá propuso un tema para relajar la situación, y yo me encerré en el baño principal con ella y me agaché enseguida.
—Irina… no digas nada allá…
—Hermana… ¿Qué vas a hacer? —negué tomando su carita.

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