Anastasia.
—¿Qué ocurre? —me giré de golpe cuando papá llegó a la puerta y frunció su ceño al ver a Luka parado detrás de ella.
—Papá… es del trabajo… necesito contestar…
—¿Qué? ¿A estas horas? ¿Cómo es posible? —mi boca se abrió algo inestable.
—Ya te cuento… ¿Vale? Debo atender esta llamada.
A pesar de su reticencia, cerré la puerta y tomé el teléfono de Luka. Lo que menos quería hacer era un escándalo, y menos con Alexey escuchando.
—Hola… —dije muy bajo.
—¡Anastasia! —cerré mis ojos, su voz era algo ruda, y casi nunca me llamaba así. Eso además del tono algo lleno de furia.
—Perdona… estoy con mis padres…
—Eso lo sé… pero, no respondes mis llamadas.
—No es nada… solo cenaba con ellos.
—Eso también lo sé… además que hay visita en tu casa. ¿De qué se trata? —mis manos temblaron un poco y miré a Luka.
—Son unas personas de la iglesia, amigos de nosotros desde hace años…
Hubo un silencio largo.
—¿Y estabas allí de casualidad?
—Se supone que cualquier persona puede visitar a mis padres… ¿Podemos hablarlo cuando llegues?
—Por supuesto que no… solo responde a mi pregunta…
—Alex… mi papá está aquí… de verdad… —intenté razonar.
—Estoy enojado contigo… se supone que no desvías mis llamadas… —en el momento la puerta se abrió y era papá de nuevo.
—Ana… ya es hora, es muy grosero que te ausentes así…
—Si pá… voy… —esperé que se fuera de nuevo, y volví al auricular—. Debo irme…
—El lunes estaré en Rusia… y me vas a contar todo…
Me despedí rápidamente, y luego entré a la casa. La familia de Dimitri se había levantado y se estaba despidiendo, pero prontamente pensé en Luka y en que debía salir de aquí, antes que ellos.
Hablaría con mi familia tal vez mañana, pero de ninguna forma Luka iba a saber de quienes se trataba.
—¿Van de salida? —ellos asintieron.
—Es tarde… nos da pena…
—Yo también debo irme… —y el rostro de mi padre se puso alerta.
—¿Qué?
—Olvidé enviar unos correos… y toda la información está en mi portátil… el jefe las necesita urgente.
—No te preocupes linda… lo entendemos… —La madre de Dimitri se acercó besando mis mejillas.
—Gracias a ustedes por venir… —fui a besar de mis padres, y fue como si saliera huyendo de la casa, no antes sin advertirle a Irina con los ojos.
Casi corrí las cuadras, y me subí a la camioneta diciéndole a Luka que me urgía por llegar a la suite, y de cierta forma cuando llegamos, sentí un alivio tremendo.
Por la noche casi no pude dormir, e inmediatamente cuando llegó el siguiente día, llamé a mis padres para decirles que iba a su casa de nuevo. Me urgía salir de esta situación.
—Cariño… buenos días… —mamá fue la que contesto, eran las siete de la mañana—. ¿Cómo estás?
—Buenos días… Mamá… creo que en una hora estaré en casa… necesito hablar con ustedes…
—No estaremos aquí, a menos que vayas con nosotros a la iglesia…

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