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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 38

Anastasia.

Sequé algunas lágrimas que había en mi mejilla, y pasé las cuadras hasta llegar al auto. Dimitri vivía a solo unos vecindarios más de aquí, y el llegar a su casa me tomaría unos cinco minutos o menos en auto.

Indiqué la dirección al chofer que me miró por el retrovisor, y le dije que me esperara frente a la iglesia a donde mi familia se congregaba, porque a solo unas casas de este lugar, quedaba la casa de su familia.

No sabía con qué valentía estaba haciendo esto, pero uno de los objetivos principales era alejar a la familia de Dimitri de Alexey.

Al fin y al cabo, ellos no tenían la culpa de nada.

En el corto camino recordé la discusión con papá. Me sentía como la peor hija del mundo, incluso haberle llevado la contraría a papá, me tenía fuera el aliento.

Toqué con fuerza cuando llegué a la casa mientras la luz del día iba desapareciendo con apenas unos rayitos de sol que estaban siendo arropados por las sombras.

La madre de Dimitri fue la que abrió, y ver la sonrisa con la que me recibió, fue otro puñal en el pecho.

—Anastasia… ¡Qué sorpresa! —pasé un trago duro, aun con el nudo en la garganta.

—Buenas noches… de verdad discúlpeme por venir si avisar… ¿Está Dimitri?

—Claro… pero pasa… —ella abrió más la puerta, y yo negué.

—Lo siento de verdad… le pido disculpas de nuevo… debo hablar con él con urgencia… a solas…

La sonrisa de la mujer se borró, y el gesto de confusión vino a tomar su rostro.

—Lo llamaré… aunque puedes pasar a la sala… —tuve que aceptar, sabía cómo podía ser si les pedía hablar en el pasillo de la casa.

Me senté en un sofá, y Dimitri tardó al menos diez minutos en aparecer.

Me puse de pie cuando él entró, parecía que estaba saliendo del baño porque su cabello estaba húmedo, y su sonrisa genuina, hizo que me ardieran las mejillas de la vergüenza.

—Ana… —él tomó mi mano como forma de saludo.

—Dimitri… gracias por recibirme… —su madre nos miró con una sonrisa y luego nos dejó a solas, así que cuando vi que estábamos solos, continué—… Necesito hablar contigo…

—Claro… siéntate… ¿Está todo bien? Te ves…

Negué varias veces.

—Sé que soy un desastre ahora…

—Estás hermosa… —alcé mi mirada y acomodé las gafas.

—Gracias, Dimitri… —carraspeé varias veces para ver a los lados, y ante la culpa tomé sus manos, cosa que a él le sorprendió—. Te pido disculpas… te pido perdón… yo… no puedo…

Sus ojos se abrieron un poco y negó.

—¿De qué se trata?

—Acepté que saldría contigo… que nos conoceríamos más delante de nuestros padres… aunque, ya sabes… nos vemos desde niños… Pero…

En ese preciso instante, él apretó mis manos.

—¿Te sientes obligada? ¿Es eso? —lo miré a los ojos y negué.

—Mis padres no me obligan de cierta forma, pero tienen mucha expectativa con nosotros… estoy demasiado tensa… y no… ellos solo desean esto…

—Lo sé… mis padres también…

—Dimitri… no puedo hacerlo… —Lo interrumpí de nuevo como si fuese una necesidad—. Yo… te aprecio mucho, eres una gran persona, un gran hombre… pero mereces a alguien que te ame… y…

—Ana… pero se supone que apenas nos vamos a conocer como pareja… ¿Por qué no nos das una oportunidad? Nadie se enamora de la noche a la mañana.

Me sentía en agonía, yo si lo había hecho, estaba perdidamente enamorada de Alexey Kozlov y solo imaginaba que toda mi vida sería de esta forma.

Así que miré a los lados.

—¿Podemos salir al pasillo? —él no estuvo muy seguro, pero se levantó y me indicó la salida. Entonces llegamos allí y él cerró la puerta de su casa para decir:

—¿Tienes algún problema con esto? Mis padres dijeron que estabas soltera…

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