Alexey Kozlov.
Bajé el móvil y lo quité de mi oreja. Mi ceño se frunció profundamente ante la información, pero bajé la ventanilla para tomar el aire.
—Vamos a la suite… —ordené al chofer, y la notificación me mostraba que Ana también se dirigía al mismo lugar.
Le marqué a Luka y luego escuché:
—Señor…
—¿De quién es la casa?
—Se trata de una familia que pertenece a la iglesia a donde asiste la familia Ivanov… ellos… parecen amigos de la familia…
—¿Dime los nombres de los miembros de la familia?
—Estoy enviando la lista con sus fotos, señor…
—Bien… ¿Cuánto tiempo estuvo allá?
—Después de la casa de sus padres… salió un poco alterada, estuvo en la otra casa, más de una hora…
Apreté mi mandíbula, y asentí.
—Bien, espero la lista…
—Señor… hay un chico aquí… y algunas fotos que se tomaron cuando ella estuvo fuera de la casa.
—Envíalas ahora mismo…
Cancelé la llamada, y recosté mi cabeza, entonces recibí otra llamada en el instante.
Se trataba de una carga nueva, pero estaba totalmente fuera de mí mismo para conectar con ellos ahora, así que la rechacé y comencé a ver la lista de Luka, y me frené cuando apareció un tal “Dimitri, 26 años”.
Me apresuré a ir al chat para ver un par de fotos.
Ana se veía rígida, pero en una de las fotos, él sostenía sus manos.
Limpié mi boca de rapidez, y cuando el auto se detuvo, el vigilante me informó que Ana aún no había llegado, pero su chofer me anunció que estaban en camino.
Así que me apresuré a subir, aunque me temblaba un poco las manos. Sin embargo, no podía actuar antes de que ella viniera a mí.
Y esperaba que me contara todo.
Desajusté los botones de mi camisa, y me quité la chaqueta, entonces me fui rápidamente a buscar una botella y me serví un vaso. Me senté en el sofá encendiendo una música suave, y miré a la puerta principal, cuando esta se abrió en los siguientes minutos.
Ella caminó dejando algunas de sus cosas en el enorme sofá principal, y luego se detuvo cuando vio al fondo donde yo me encontraba sentado, con apenas una lámpara encendida.
Sonreí hacia ella, y le mostré mi vaso.
—Buenas noches, amor…
Ella sonrió un poco y se acercó de forma lenta.
—Buenas noches, Ale… ¿Cómo estuvo la cena con tu hermano?
—Bien… ¿Y la tuya con tus padres?
Ana juntó sus manos y caminó más a mi lugar. Ella estaba insegura, pero bajó a darme un beso en la comisura de mi boca, que yo no correspondí.
Solo la miré largamente, y esperé.
—¿Estás bien? —por supuesto ella preguntó, y yo asentí.
—Te extrañé… cada puto segundo…
Ana tomó asiento al frente y sonrió.
—También yo…

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