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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 41

Anastasia.

Estaba completamente aterrada, incluso cuando Alexey me alzó y quedé pegada a su rostro, fui a su boca y lo besé y esto fue formar el caos.

Sin embargo, lo necesitaba.

Nuestros cuerpos se pegaron a la puerta de inmediato de forma ruda. Había una mezcla de miedo y deseo dentro de mí por lo que él pudiera ser capaz, pero sus manos rastrillando mis pechos, y arrancándome la ropa, hicieron que el pánico pasara a segundo plano.

—Me encantas, Ana… y te juro que quiero destruir todo… pero mi deseo por ti gana… —él dijo contra mi boca mientras mis entrañas se removían. Tomé su rostro de forma apresurada, y me dejé llevar, por lo que mi inconsciente reclamaba de él.

Alexey me desnudó entera, y cuando me di cuenta, él tampoco tenía nada de ropa. Sus dedos se restregaron en mi boca, y cuando caí en el sofá solo escuché mi respiración agitada.

—Escupe… —mis ojos se abrieron impactados.

—¿Qué?

—Escupe… hazlo allí… —bajé mi mirada mientras mi boca temblaba, y aunque mis mejillas ardían ante lo prohibido, mi cuerpo solo se revolucionaba con su sola insinuación.

Fui algo torpe, tonta y sosa… pero lo hice, incluso le di algunos besos castos, que él recibió con sonidos guturales.

Alexey puso mi mano en la mandíbula, y luego tocando mi pecho me echó hacia atrás.

—Te enseñaré… —él sonrió abriendo mis piernas, y luego la saliva alió de su boca para caer en mi centro.

—Ale… —sus dedos se restregaron muy lentamente y mis ojos se cerraron con fuerza.

—¿Recuerdas lo de los pasos? —asentí de forma lenta—. A la mierd@ todos ellos… eres toda una mujer, mi amor… e incluso pasaremos nuestros límites…

Sus dedos golpearon mi centro, en el punto más débil, haciendo que mis muslos se estrellaran urgentemente y que incluso me temblara el alma. Su mano quedó atrapada entre mis piernas, y luego sentí cómo su boca comenzó a succionar por todas las partes de mi cuerpo.

—Hay algo que quiero que hagas… y sabes hacer muy bien… —lo miré y él giró mi cuerpo—. Ponte de rodillas… así sabré que estás arrepentida… —escuché su risilla, así que negué, pero de igual forma, ahora mismo estaba de rodillas.

Su mano se posicionó en mi espalda y me recostó al sofá.

—Me encantará que tus rodillas queden rojas… incluso raspadas… —no sabía por qué sus obscenidades solo alteraban más mi cuerpo y me excitaban hasta la médula.

Me recosté en el sofá boca abajo y luego sentí como sus manos se metieron debajo de mis hombros y los sostuvieron contrayéndolos hacia él.

—Vas a sentirme mucho… y espero que te duela un poco… ya va siendo hora de que aprendas… —sentí cómo sus grandes piernas abrieron las mías, y mis ojos se cerraron cuando sentí cómo su erección se pegó a mí.

—Alex…

—¿Sí, mi amor?

—Recuerda que… soy nada ante esto…

—Corrección… eres lo más excitante que he tenido en la vida… —y de esta forma, sentí cómo entró en mí y mi sistema se estremeció entero.

Las embestidas de Ale no eran rápidas, sino más bien profundas. Además, estaba que abrazaba mi cuerpo, y con sus brazos, abrazando mi cuerpo, rozaba cada vez más mi existencia.

Él mordía mi lóbulo, mi espalda, y luego, cuando apreté mis piernas con las de él porque no lo pude tolerar, Alexey me giró y me sentó en su torso, aún y cuando estaba de rodillas también, y se agitó contra mi cuerpo, a la vez que dejé que mis sonidos se escucharan claramente.

La agitación se fue apagando, y luego su boca invadió la mia con un beso apasionado.

—Lo siento… —sus dedos acariciaron mi abdomen y dio un beso en mi ombligo, después de unos minutos, nos acostamos en el enorme sofá. Y Alexey había encendido una chimenea eléctrica.

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