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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 45

Alexey Kozlov.

—¿Tienes poco apetito? —Anastasia me miró tratando de ocultarse, y juro que, si no estuviera Irina presente, le estuviera haciendo el amor con ella pegada a este vidrio. Más por esconderse de mí.

Odiaba que me ocultara cosas, pero a la larga sabría qué le había dicho Sasha.

—Creo que comí unas cosas abajo… ya sabes.

—No sé… te quedaste bastante tiempo mientras estaba aquí con Irina…

—Esto está delicioso… —miré a Irina que enrollaba el queso derretido y le piqué el ojo y si Anastasia jugaba a ocultarme cosas por miedo, entonces también haría cosas a mi estilo.

Estaba por meterme un bocado a la boca cuando mi teléfono resonó, el contacto de Iván de aquí de Rusia apareció en la pantalla e imaginé que ya estaba aquí.

Pero ahora mismo no podía atenderlo, así que silencié el sonido.

—Te espero esta noche… —Ana me miró—. Será una larga noche… —sonreí para ella y su boca se curvó un poco cuando asintió.

—Vendré pronto…

Y las cosas sucedieron rápido.

Estábamos en la camioneta cuando me despedí de Irina y de ella, y envié algunos guardaespaldas en su camino.

Me subí en la otra camioneta con Luka, y nada más me senté, comencé a escucharlo cuando le ordenó al chofer ir en una dirección, de una compañía pequeña electrónica.

—¿Qué hace el hombre?

—Es el gerente de una planta… la empresa es pequeña, de apenas tres pisos.

Asentí de forma lenta mirando mi reloj, y luego le señalé a Luka.

—Busca a alguien… necesito que vigilen de cerca a Sasha…

—Sí, señor…

Prontamente, llegamos aquel negocio, y acomodé y me quité la chaqueta, tiré la corbata a un lado y desabotoné mi cuello.

Caminé con Luka y otros hombres detrás, pero antes de llegar al edificio, le pedí solo a Luka que siguiera, y eso solo porque ya había aprendido de los errores pasados.

Luka fue quien se anunció diciendo que quería hablar con Dimití Morozov.

—¿Tiene alguna cita? El gerente no está disponible… —la secretaria dijo y yo sonreí observando a Luka, y él sacó un arma para colocarlo en la mesa.

—No necesitamos cita… —la mujer abrió los ojos, y luego observó, a la salida, nuestras camionetas estacionadas.

—Por favor… deme un minuto… —ella tomó el auricular y yo se lo quité de inmediato.

—No tengo un minuto… solo dime donde queda su oficina…

—Señor, por favor…

—No temas… alma de dios… —tomé su mandíbula—. Venimos a conversar… ¿Me crees?

Ella asintió rápido y señaló el lugar que estaba en el mismo piso donde estábamos.

Y caminando hacia el despacho del tipo, Luka abrió la puerta sin llamar.

—¿No tienes modales? —le dije a Luka, pero él solo apretó la mandíbula.

Giré la cabeza para ver a una mujer sentada en el escritorio abierta de piernas, mientras ese hombre se la follaba como un perro desesperado.

Pude ver los senos de ella revolotear, como también el grito que pegó ante nuestra entrada.

El hombre de estatura normal, algo delgado y blancuzco, se subió los pantalones, y sin apurarse, se metió la camisa, mientras su compañera apenas podía bajarse el vestido.

Realmente no me agradaba ver coger a alguien más, incluso el lugar estaba acalorado, y torcí mi gesto.

Pero ¿aquí estábamos hablando de Dimitri, el hombre con el que querían casar a Ana?

—¿Luka? —ordené.

—¿Eres Dimitri Morozov? —preguntó Luka.

—Sí…

—¿Quiénes son ellos? —aquella mujer se arregló el cabello colocándose de pie, y abrí la puerta.

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