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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 46

Anastasia.

—Fue lo mejor de mi vida… espero que mi hermana siga llevándome siempre a todos estos lugares… —sonreí mirando a Irina, y luego alcé mis ojos para ver la mirada de mi madre sobre mí.

—Gracias… —negué varias veces—. Ya está casi lista la cena, ¿por qué no te quedas?

—Ma… de verdad en esta ocasión voy apurada. No les había dicho, pero me pasaron a otro edificio… —Irina me observó agrandando sus ojos y yo reprimí el gesto—. Es una coincidencia, una de las hijas del dueño, se llama como nuestra hermana… el edificio se llama…

—Irinius… —mi chica completó por mí, y papá arrugó el ceño.

—Vaya… ¿Eres la economista allí? —pasé un trago.

—Soy… la gerente general… —ambos abrieron los ojos exorbitados y hubo un silencio bastante largo.

—¡Dios…! —mamá puso la mano en su boca.

—Ana… ¿Cuánto tiempo es que ha pasado? ¿Tres meses?

Asentí.

—Sí pá… —alcé los hombros—. Parece que ellos han visto las capacidades en mí y confiaron… —algo que me hacía respirar, es que papá y mamá muy rara vez veían la televisión—. Me siento honrada por este puesto…

—Es mucho peso para una mujer… —mamá se giró hacia mi padre cuando él lo dijo, y yo negué.

—Es mucha responsabilidad, pero estoy orgullosa de eso…

—¿Y qué piensa Dimití? ¿Lo hablaste con él? —pasé un trago duro.

Después de hablar con Dimitri les había dicho a mis padres en conclusión que lo intentaría, y solo estaba siguiendo el plan. Eso sin saber que hablaría Alexey con él o cuando lo haría, pero por ahora lo mejor es que nuestras familias supieran que lo estábamos intentando.

Nos evitaría dolores de cabeza y quejas.

—No lo sabe aún… —papá se levantó un poco irritado.

—Se supone que…

—Igor… la niña tiene una poco de prisa y…

—¡Ya basta, Denis…! ¿No lo ves? Esta alcahuetería tuya la está dañando…

Me levanté de golpe viendo cómo Irina se ponía tensa.

—Es hora de irme…

—¿De irte? ¡Estoy hablando contigo! —Apreté mis dientes ante su grito.

—Irina, ve a tu cuarto… —traté de sacarla a ella de esto.

—Nadie irá a ningún lado… —papá parecía irracional—. ¿Por qué has dejado de respetar mi autoridad, Anastasia? ¿Qué es lo que te ocurre?

—No necesitas gritar papá… estoy frente a ti, e Irina no necesita escuchar la conversación de los mayores… ella…

No sé en qué momento pasó, pero la mano de papá se estampilló en mi mejilla, y luego un sonido agudo vino a pitar en mi oído. Me tomé la mejilla enseguida, mientras escuché la agitación de mi madre, e Irina comenzando a llorar.

—¡Ana! —me destruyó su gemido inocente, y luego alcé la cabeza para mirar a mi padre, y luego a mi madre.

—Ana… —lo escuché decir, pero ya estaba recogiendo mi bolso, y saliendo de casa—. ¡Ana! —subí al auto con lágrimas en los ojos, y cuando comenzamos a andar dejé que estas bajaran por mi rostro para drenar mis emociones.

Lo que más me había dolido de todo esto era la carita de Irina, aún me ardían los dedos de papá en el rostro, en toda mi vida nunca me había pegado en la cara, aunque tampoco había dado un motivo para que lo hiciera.

Mi boca se frunció enseguida cuando las ganas de llorar se precipitaron, y tuve que colocar mis manos atrapando mi rostro cuando no pude contener el llanto.

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