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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 47

Anastasia.

Las palabras de Alexey resonaron en mi mente, y sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Nunca había visto esa expresión en su rostro, y me di cuenta de que había despertado algo oscuro dentro de él… o nunca lo vi antes.

Mi corazón se aceleró mientras trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir.

Había dicho sin ningún remordimiento que iba a matar a mi padre, y no titiló ni un minuto en su acomedido.

—¿Qué has dicho? —pregunté en susurro, tratando de contener mi miedo—. Fue un momento de ira, últimamente, hemos tenido discusión tras discusión y…

Tuve que detenerme cuando él me miró fijamente, en sus ojos llenos de furia y determinación, pude ver cómo luchaba por controlarse, pero su instinto protector estaba en pleno auge.

Aunque ahora solo pensaba que no era solo su instinto protector, sino… asesino…

Mi boca tembló en demasía y di dos pasas hacia atrás.

—Mírame… yo he cambiado a sus ojos. Papá solo tiene miedo…

—Eso no es excusa para levantarte la mano.

—Soy su hija, Alexey…

—Y tu mi mujer… nadie debería poner sus manos sobre ti —dijo en un tono grave—. No lo puedo permitir…

Las lágrimas seguían deslizándose por mis mejillas, pero esta vez era el miedo lo que las provocaba. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo habíamos llegado a este punto? Me había enamorado de un hombre poderoso y protector, pero ahora me enfrentaba a una faceta completamente diferente de él.

—Alexey, por favor… —le supliqué, buscando desesperadamente una manera de apaciguar su ira—. Lo que necesito ahora es… tu comprensión… tú sabes que mi familia piensa muy diferente… nuestro estilo de vida…

—¡Me importa una m****a! ¡Te golpeó! —cerró los ojos por un momento, como si estuviera luchando contra sus propios demonios internos. Luego, suspiró profundamente y volvió a abrirlos, esta vez se retiró de mi frente y se fue rápido a buscar algo en las vitrinas.

Lo vi verter un trago, mientras apretaba mis manos.

—He contradicho a todo lo que él me ha enseñado… —seguí, aunque Alexey me daba la espalda—. He olvidado…

—Calla… no sigas…

—Ale…

—No… —su palma se levantó y luego se giró—. Solo… quisiera…

—Por favor… —fui hacia él—. No lo digas… es mi padre y lo amo.

Su mandíbula se apretó mucho, y me apresuré a envolver su cuerpo para abrazarlo. Y luego busqué su boca.

Sus manos de forma rápida apretaron mi cabello en mi nuca, podía sentir el temblor de su ira y aunque tenía la sensación de que estaba enfrentando a un hombre desconocido, solo uní mi boca a la suya y lo besé.

—También te amo a ti… —lo dije, pero en vez de seguir besándome, él me retiró.

Caminó hacia el sofá, y se puso la chaqueta.

—¿A dónde vas? —él me miró de reojo.

—Haré cosas…

—¡Ale! No te lo perdonaría nunca… no puedes dañar a mi familia… —tomé su brazo, pero él retiró enseguida el toque como si mis manos lo dañaran.

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