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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 8

Anastasia.

Mi cuerpo estaba temblando, y el sudor frío recorría mi piel.

Tenía náuseas, ganas de morir, pero, sobre todo, la vergüenza era la emoción más poderosa que ahora dominaba mi cuerpo.

Recibí un vaso de agua, pero mi vibración era tanta que no pude con ello.

—Me siento… muy mal… —el jefe se sentó en mi frente quitando el vaso de mi vista. Podía reconocer la suite, y a Luka, el hombre que siempre estaba al lado del señor Kozlov.

La cabeza me daba vueltas y solo quería quitarme la sensación en mi estómago, y esta pérdida de lucidez tan impresionante.

—Solo puedo hacer una cosa por ti Anastasia, pero debes confiar en mí…

Intenté llevar mis ojos a él, se veía tan borroso que apreté mis ojos.

Apreté su chaqueta contra mi cuerpo, quería meter hasta los pies dentro de ella, y solo podía derramar las lágrimas ante la impotencia.

¿Cómo pude ser tan estúpida?

—Quiero… —intenté decir—. Aliviarme…

—Te aliviaré… —lo escuché, y luego vi de forma no muy clara como Luka le pasó algo—. Vamos… toma esta píldora… hará un efecto diferente, y te pondrá bien…

No estaba asegura de qué se trataba, pero quería salir de este aturdimiento tan bárbaro.

Con mi mano temblorosa, tomé la cápsula de su mano, pero esta se cayó de inmediato, porque estaba totalmente inestable.

—Lo siento…

—Para… —el jefe me ordenó cuando intenté agacharme a recogerla, y luego tomó otra píldora, y se acercó a mí—. Abre la boca, la pondré yo mismo…

Mi mareó era demasiado, y aunque todo estaba en mi contra, tuve que agarrar su brazo, y hacerle caso. Abrí mi boca sintiendo cómo sus dedos gruesos tocaron mi lengua, y no sé si era por mi situación que sentí que todo se hizo demasiado lento, incluso como si se hubiese detenido el tiempo.

Aunque la realidad, era que estaba alucinando.

La situación era mucha. Mi cuerpo y mi mente ya no eran cuerdos, pero ese roce hizo algo en mí que disparó todas las alertas, no sé por qué, quizás era cuestión del alucinógeno, pero sentía algo diferente en mi cuerpo que me contrajo la piel. De inmediato el jefe tomó el vaso, tomó mi mandíbula, me dio agua para tragar la cápsula mientras mi miraba borrosa, solo miraba sus ojos y su ceño fruncido.

Los hilos de agua bajaron por mi cuello, mientras mi garganta se resistía a tragar. Sin embargo, pude pasarla aún y con todo mi temblor y mi sudor excesivo.

—Sal… —lo escuché ordenar, y el silencio se impregnó en mis oídos cuando la puerta se cerró.

—Por favor… —dije apretado los ojos, y recostándome al mueble. Tuve que apretar más mi cuerpo contra esa chaqueta que me cubría, y en el instante pude oler el perfume que emanaba—. No me deje sola… ellos… dijeron…

El toque de su dedo en mi boca me hizo saltar de nuevo, y aunque intenté parpadear varias veces, sentí que los ojos me pesaban, sin embargo, podía sentir la respiración de mi jefe, se podía estrellar en mi rostro.

Entonces, escuché cuando dijo:

—Nadie va a tocar a mi asistente, nunca más… duerme Anastasia…

Y después, todo se hizo negro.

Mis ojos se abrieron en un momento, la luz me dijo que no estaba en la habitación que acostumbraba, y mi cuerpo desnudo terminó por despabilarme.

Tomé las sábanas negras y las apreté contra mi cuerpo.

Tuve que parpadear varias veces para darme cuenta de que esto no se creía. Desde la cama podía ver toda la vista en la panorámica, y luego me giré para ver un reloj conocido en la encimera.

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