El tono de ocupado sonó al otro lado, pero Clara seguía con el teléfono en la oreja, como si siguiera en la llamada.
Pasó un largo rato antes de que dejara caer lentamente el brazo, mientras sus pensamientos retrocedían a una semana atrás.
Ese día, ella y Javier habían vuelto a la casona de la familia Pinos para almorzar. Como no se sentía bien, subió a la habitación a descansar después de comer.
Al despertar y bajar las escaleras, escuchó accidentalmente una conversación en la sala entre Javier, su hermana y su madre.
—Javier, solo respóndeme una cosa —le decía Natalia Pinos a Javier.
—Si Clara y Valery estuvieran paradas frente a ti al mismo tiempo y tuvieras que elegir, ¿a quién escogerías como tu esposa?
—Prohibido mentir. Sé sincero.
La respuesta de Javier fue clara: —A Valery Rojas.
Al escuchar esa respuesta, a Clara, que estaba parada detrás de la vitrina de vinos, se le heló la sangre en las venas.
Su corazón cayó como una piedra en un pozo de hielo.
—No puede ser, tú... —intentó decir Natalia.
Natalia iba a añadir algo, pero el teléfono de Javier sonó en ese instante.
Luego se escuchó cómo contestaba. —¿Qué pasa?... Sí, regreso enseguida.
—Hubo un problema en la empresa, me voy. Avísale a Clara después.
El hombre se levantó y caminó hacia la salida. Tras dar unos pasos, se detuvo y miró a Natalia para advertirle: —Que lo que acabamos de hablar no llegue a los oídos de mi mujer.
Natalia bufó: —Hmph, eres de lo peor.
Oculta en las sombras, Clara escuchó el sonido de los zapatos de cuero alejarse. Estaba a punto de darse la vuelta rígidamente para marcharse cuando escuchó a Natalia suspirar.
—Si mi hermano elige a Valery, entonces, ¿qué es Clara? ¿Un chiste?
Esa última frase fue como una aguja afilada clavándose sin piedad en el corazón de Clara.
Clara no recordaba cómo se había ido de ese lugar, pero las palabras de esa madre y sus dos hijos se habían grabado a fuego en su cabeza. Fueron como un batazo que la despertó de golpe.
Ella siempre había creído que, por más ocupado o distante que fuera Javier, en estos dos años de matrimonio... al menos le tenía algo de cariño.
Pero resultaba...
Que todo era una ilusión suya. Ella sola se había hecho ideas.
Lo había malinterpretado todo.
Natalia tenía razón. Ella, Clara Sierras, era solo un chiste.
Había entrado por error en un matrimonio que nunca le perteneció.
Hacía dos años, la historia de amor entre Javier y Valery había sido idealizada hasta el absurdo por los medios.
Los periódicos hablaban de cómo Javier había gastado una fortuna para construir el teatro de ópera más grande de La Capital para Valery Rojas. El día de la inauguración, ella le declaró su amor en el escenario con un apasionado solo de flamenco. En ese momento, el apuesto y elegante Javier Pinos subió con un ramo de flores para corresponder a su gesto romántico, una escena que todos comentaban. Y en una entrevista posterior, anunció su inminente matrimonio con ella, desatando la locura en toda la ciudad.

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